Su Enemigo

No quería despertar pero debía hacerlo.

A los pocos segundos, mientras abría los ojos a la poca luz de su habitación, su enemigo apareció inmovilizándole las piernas. Apenas sin moverse, notaba pinchazos alrededor de sus tobillos y descargas eléctricas por sus muslos.

La cadera también era prisionera, sentía una gran presión que se reflejaba en su espalda y recorría su espina dorsal hasta la nuca. Movió los brazos libres, pero algo no iba bien; sus muñecas parecían dañadas y un hormigueo desagradable se extendía hacia sus dedos.

Quería escapar, encontrar un modo de evitarlo y que sus despertares fueran dulces y vitales. Desde que el enemigo apareció en su vida, se habían convertido en un recuerdo y en la constatación de que no pensaba liberarla así como si nada.

Tras unos minutos rehaciéndose, se concentró en no hacer caso a sus grilletes y visualizarse mucho más fuerte que ellos.

Era otra mañana que huía de él. Sabía que no la dejaría y volvería a convertirla en su rehén. Pero en lo que quedaba de día, la ganadora era ella.

Su enemigo, el Dolor, se había topado con una dura rival.

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