De nuevo el mar

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Y, de nuevo, se encontraba ahí; siempre cerca del mar. Había pasado algo de tiempo y se moría por hablar con Él, decirle todo lo que sentía y cuánto se estaba equivocando.

No entendía sus razones aunque le daba pavor saberlas. ¿Y si Él no quería saber más de ella? ¿Y si lo alejaba más aún atosigándolo? ¿Más lejos? Imposible. ¿Acaso no llevaban mucho tiempo sin hablarse? Todo seguía siendo muy confuso, salvo una cosa: el gran amor que Ella le profesaba.

El banco tallado en piedra del acantilado le servía de refugio. Ante todo su dolor, el sonido del mar y la tranquilidad que transmitía eran lo único que lo alejaba… que podía poner distancia con ese pesar.

Se sintió abatida por haber caído, de nuevo, en cavilaciones. Sacó el móvil de su bolso y justo cuando iba a devolverlo a su sitio mientras pensaba “No va a volver”, oyó una melodía muy familiar.

Era Él… la llamaba.

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