Ecos

soledadblog

Un tono, dos tonos,…, comunicando. La señal que necesitaba para saber que Ella había pasado página, siempre corría a contestarle. ¿Y si lo intentaba de nuevo? Demasiados nervios, ¿qué iba a preguntarle? Que estuviera mal sería lo lógico y Él era el culpable, pero ¿y si le dijera que estaba bien y había pasado página? Ese sería un gran golpe para su Ego.

Mejor dejarse de tanta incertidumbre e intento de tentativa, la iría a buscar y hablarían cara a cara. No. Esperaría, sabía que tarde o temprano Ella tendría que aparecer en Su Lugar, ese al que Él iba siempre que podía con la esperanza de verla, aunque fuera, desde lejos.

Fue un estúpido al precipitarse, al no medir el daño que había generado en los dos y lo difícil que se le hacía despertar sin las cosquillas en el pecho de ese pelo ondulado. Cada rincón de su casa era el marco de una escena con Ella, en el pasillo todavía resonaba el eco de su risa, el tono dulce de su voz. Su medio armario seguía vacío, notaba el hueco de sus cremas y esas cosas de chicas con las que Él le hacía rabiar. Y en el perchero de la entrada, aún estaba colgado el fular que dejó aquel día; ese que tanto le gustaba y que aún olía a Ella.

¿En qué momento pensó que alejarse sería lo mejor? ¿Por qué era tan estúpido? Metió el móvil, al que seguía mirando perdido en sus pensamientos, en el bolsillo y emprendió camino a su solitario “hogar”.

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