Descubrimiento

tacitasola

“Yo… yo, bien aunque con ganas de verte. Pero qué…” esa frase volvía una y otra vez a su mente. Su primer impulso fue llamarla y decirle que también se moría por verla.

Sin embargo, ya no le pareció tan buena idea lo de verse tan pronto, podría o desdecirse para hacerla sufrir otra vez cuando la “razón” (o locura) volviera a Él o volver a desilusionarla porque el fin de la cita no sería una reconciliación. No podía hacerla pasar otra vez por esa situación.

Además, ya habían pasado dos semanas desde que escuchara el mensaje y era demasiado tarde para todo; pagaría por haberla perdido.

Necesitaba distraerse, evadirse, salir de casa pero estar solo. Sus pasos le llevaron hasta la taquilla de una sala de cine. Ya con su entrada en la mano y viendo que era pronto, fue directo a la cafetería para tomarse un buen café.

Mientras esperaba sentado a su mesa, oyó una risa muy familiar. Se giró instintivamente y ahí estaba Ella del brazo de Otro. Parecía tan feliz, tan despreocupada… que sintió un vacío inmenso en su interior. Pagó su consumición y dejó la entrada de cine a su suerte. Por hoy, había visto demasiado

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