Primeras alarmas

Era la primera vez que iba a hacer la compra y se preguntaba cómo reaccionarían las vecinas al verle entrar. Su nieta pequeña le acompañaba, iba contándole las aventuras del día anterior. Le encantaba esa complicidad y no se cansaba de que ella le relatara todo un día de colegio o cómo había ganado una carrera con la bici. Cuándo quiso darse cuenta, ya estaban en la puerta del supermercado.

Abrió la puerta y sonó una dichosa campanita, pensó “no podía entrar en silencio, no”; todos se giraron y le miraron con cara de sorpresa. Tuvo que explicar que su esposa no se encontraba bien y se había ofrecido, como si fuese un delito que un hombre se ocupase de eso. El dependiente le acompañó por toda la superficie y se ofreció a llevarle la compra a casa por si le daba vergüenza. ¡Lo que había que oír!.

Obvió el comentario y miró a su alrededor, antes le había llamado algo la atención. Fue hacía allá, “¿Le gustará a la abuela?”, preguntó a su nieta. “¡Sí! y si lo compras hasta puedo llevarlo yo”. Listo entonces “Rapaz, cóbrame este carro de cuadros. Ponle mi nombre, para que sepan que es mío”. Iría a casa a por dinero y lo compraría, no tenía ya edad para cargar y la peque también podría con él.

De vuelta en casa, se encontró a su mujer nerviosa, dando vueltas por la casa. Olía a quemado, otra vez se había dejado la comida al fuego. No lo entendía, era como si el tiempo no existiera para ella, como si se desconectara del mundo. Cortó el fuego, mejor cocinaba él luego. La vio coger el teléfono mientras él iba a por su monedero y escuchó la conversación: su mujer llamaba a una de sus hijas preguntando por su cartilla medica, no la encontraba y pensaba que podría habérsela dejado en su casa. Él frunce el ceño, avanza hacia ella y le mira las manos; la cartilla médica está en su mano izquierda.

Está claro, algo pasa. Si él va a la compra es porque ella se olvida de muchas cosas y tiene que volver de segundas. Hace poco la vio regañar a la pequeña por quitarle el abanico del cajón y resultó que fue ella quién se lo dejo en la iglesia, dejaba la comida al fuego sin volver a reparar en ella y creía que él le quitaba el dinero porque no recordaba habérselo dado. El detalle de la cartilla le alarmó, tendría que comentárselo al médico.

Volvió a por la compra y el carro, cuando estaba pagando en caja sonó la campana y vio a su nieta. “Abuelo, la abu no sabe dónde estás. Dice que hace mucho que te fuiste, está muy rara”. Cuando llegó a casa la encontró llorando, le dijo que estaba muy preocupada, que no se fuera sin decirle dónde. Tuvo una sensación muy extraña, un presentimiento,…, su esposa estaba cambiando. No lo sabía pero la estaba empezando a perder…

…Continuará

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s