Sueño en dolor

dolor

Hace unos días, tuve una jornada muy dura, el dolor llegó hasta las costillas y sentía una presión constante en el pecho. Volví a no aguantar sentada, a parar menos de 10 minutos tumbada boca arriba y a sentir mis piernas de goma. Además, sentía fuego en las tibias y un pinchazo constante en el muslo izquierdo que me impedía parar y relajarme. Aquella noche había soñado en dolor:

Tengo un sueño que se repite cada cierto tiempo. Bueno, más bien es cómo me siento yo en ese sueño. Sea cual sea el escenario, la gente siempre va más rápido que yo y noto cómo mis piernas flaquean de rodillas para abajo. Siento un cansancio y un dolor muscular muy concreto. Si os ponéis a hacer una sentadilla, parad a la mitad del recorrido que podáis hacer y tratad de andar. Sentiréis mucha tensión y os dolerán algo las tibias. Pues eso es lo que siento en el sueño, no puedo ni correr, ni escapar,… veo como me canso y, lo peor, por la mañana me despierto con un dolor tremendo.

Aquella noche corría, saltaba, me metía en problemas y tenía que huir de la policía por las calles del barrio. Todo iba bien hasta que me cambió el chip y quedé a cámara lenta, viendo como mis compinches corrían y yo era atrapada. Ni empezando bien logró acabar los sueños a lo Usain Bolt. Cómo es costumbre, amanecí con dolor… me desperté por el dolor, mejor dicho.

Mi madre me convenció para tomar un café cerca, no me apetecía pero no puedo hacer reposo excesivo, es contraproducente. Así que, aunque sea a dos calles de casa, salgo, voy y vengo para no oxidarme. Al final, di un paseo mucho mayor del que suponía y, aunque llegué cansada, me sentó bien. Eso sí, directa al sofá para recargar pila.

Todo bien (vale, regular pero como todos los días), hasta que vino mi tía. Después de casi 3 años, aún no entiende lo que me pasa y me mete prisa para que vaya a otros médicos porque no puedo estar así. Le saqué el informe médico y su única pregunta fue “¿y nunca se te va a pasar?”. Sinceramente, no lo sé. Hasta el diagnóstico está cogido con pinzas, puede que vaya bien con el tratamiento, puede que me acostumbre a él y vuelva para atrás… Pero si una cosa tengo clara es que no puedo agobiarme ni que me agobien con el tema. Me han visto traumatólogos, neurólogos, reumatólogos y todo me sale perfecto pero tengo unos dolores tremendos. Llevo 3 años rodando, haciendo de cobaya, preocupada, anclada,…, y ahora lo que quiero, simplemente, es ir poco a poco, confiando en mi médico y en mi capacidad de aguante.

Mi padre vino de trabajar y comimos juntos. Me dijo que me echara porque tenía cara de agotada. Recogió la mesa, fregó y antes de salir a por unos repuestos, me preguntó donde me dolía más. Fue a por una crema para darme un masaje en las piernas. Era el primer día que se atrevía a darme uno y que se fijaba en mis tobillos, que encontraba los nudos en mis músculos, así como el fuego que siento en las tibias y la tensión en mis ligamentos.  Le he explicado mejor todo, sin restarle importancia, sin mi sonrisa,… Llevo tanto tiempo con el chip del buen rollo y la despreocupación puesta que él pensaba que estaba mejor.

De hecho, voy mejor… he cogido kilos, los mofletes se me han llenado más, estoy más participativa, me he quitado pesos y responsabilidades que no me correspondían de encima. Pero eso no quita que esté mejor por un aumento en la medicación.  El dolor nunca se va y cuando me acostumbre a la dosis, dolerá más… Llevo más de 34 meses sin poder decir “hoy no me duele nada”, porque en esencia es constante y continuo (en estado estacionario, vamos. Salvo días en los que sólo se incrementa) y sin que lleguen las horas claves para caer agotada.

Aún así, me siento afortunada porque hay cosas mucho peores, mi cuadro clínico es raro, complejo, pero podría ser algo mucho más grave. Sí, me veo algo limitada, con otro ritmo como he comentado alguna que otra vez. Sin embargo, me encuentro en un punto de estabilidad emocional al que no creo que hubiera llegado si ésto no me llega a pasar.

Hoy también es un día complicado pero me niego a preocuparme más o recordar lo que podía llegar a hacer en un día, ¡lo que me cundían!. Parece mentira que algo tan simple como salir a tomar un café y poder repasar algo de química antes de que me venza el sueño o el cansancio, sean mis momentos preferidos.

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