Un regalo, Ítaca

itaca

Hace unos años, cuándo acabamos el instituto, los profesores nos propusieron una cena de despedida. Iríamos a cenar, haríamos juegos, daríamos medallas a los compañeros que más significaran para nosotros y ellos nos darían un regalo.

Después de muchos años dedicados a los ciclos superiores y a la Formación Profesional, éramos la primera generación que había entrado directamente del colegio. Éramos sus pequeños y estaban orgullosos de todos y cada uno, pues nos habíamos dejado aconsejar y guiar para salir “a comernos el mundo” y “ser lo qué quisiéramos ser”.

Me siento muy afortunada por encontrar en mi camino a ese maravilloso equipo, por descubrirme mundos que no conocía y por hacer que mi curiosidad y ganas de aprender fuera inmensa.

Volviendo al regalo, destacó uno por encima de todos. Nuestra querida y admirada profesora de Literatura. La singular, entusiasta y maternal Reyes, nos regalaba el Poema. No un poema cualquiera, no.

El Poema, que no es otro que “Ítaca” de Constantito Cavafis.

Cuando emprendas tu viaje a Itaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.

Pide que el camino sea largo.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos nunca vistos antes.
Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes sensuales,
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus sabios.

Ten siempre a Itaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguantar a que Itaca te enriquezca.

Itaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.

Aunque la halles pobre, Itaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Itacas.

Desde que cayó en mis manos, he tenido presente este poema. Me ha acompañado con dos chinchetas en la pared, en alguna carpeta,…, siempre cerca para leerla en ocasiones de desencanto.

Desde que cayó en mis manos, comprendí que lo importante es disfrutar del camino, no tener prisa en llegar a nuestro ansiado destino pues de todo se aprende y todo nos enriquece. Durante una época de pérdida y sentimiento de haber abandonado mi “marcado” camino, éste poema me hacía dejar a un lado las preguntas, las culpas,… Comprendí que tarde lo que tarde, conseguiré mis objetivos pero que el camino hasta ellos es tan importante o más y que, muchas veces, no está de más alejarse algo de la ruta porque cualquiera que sea el puerto en el que estés realizarás un gran aprendizaje vital.

Espero que os inspire tanto como a mí o, al menos, que os haya gustado. Ahora, es vuestro regalo.

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