Batalla

Su Enemigo volvió con fuerzas renovadas, atacando por otros frentes. El Dolor recorría, sin pudor, su espalda y se irradiaba hacia el esternón. Sentía una opresión en el pecho terrible, no había respiro. La batalla se le estaba yendo de las manos, su Enemigo se imponía.

Notó que su ceño se fruncía, que no paraba de emitir lamentos,… había caído en su trampa. Decidió contraatacar, se tendió tranquila, respirando rítmicamente y se abrazó a sí misma. Apretando sus brazos sobre la caja torácica descubrió que la presión aliviaba el dolor… Sonrío al pensar en lo bien que le sentarían ciertos “abrazos de oso”, aquellos con los que todo pasaba y se notaba en casa. Dejó la mente en blanco, sólo así y con los ojos cerrados llegó a un estado de tranquilidad en el que el Dolor parecía mitigarse poco a poco.

Sufriría durante horas. Posiblemente, al día siguiente hubiera otra batalla. Pero ésta la estaba ganando y, en poco tiempo, vendría Morfeo para formalizar la tregua.

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