Hale, ya me cabreé

Acabo de toparme con una lista en Esquire que dice recoger “las 10 cosas que aún no sabes de las mujeres por la cerdita Peggy” (enlace) y, sinceramente, no sé que pensar. Es decir, no sé si es cosa del espectáculo de los Muppets o si, en un arrebato de gracia, EL “escritor”-“reportero”-“colaborador”, se ha gustado y visto la chispa.

Tanto si es guión del espectáculo o  no, quién lo haya ideado debe ser un tío. Uno que no conoce a las mujeres tal y como se cree. O, al menos, conoce a una parte muy concreta de nosotras. Además, ¿cerdita Peggy hablando de mujeres de hoy en día? Que yo recuerde era una vanidosa, pendiente de sus jamones y sus curvas, que tenía a Gustavo como a un pelele y, sinceramente, ni en tío ni en tía hay quién la soporte.

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Perlas y Diamantes

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Esta entrada está dedicada a todas esas personas que son especiales en nuestra vida y que, independientemente del tiempo que estuvieran o estén con nosotros, nos dejan una huella imborrable.

Hará un año, rebuscando entre libros, me llamó la atención uno doble que recogía dos novelas de Albert Espinosa. Sus títulos: “Si tú me dimes ven lo dejo todo… pero dime ven” y “Todo lo que podríamos haber sido tú y yo si no fuéramos tú y yo”. Si os apetece leer algo diferente a todo, no os decepcionará. Espinosa es un escritor distinto, especial,…

Empecé por “Si tú me dices ven…” y allí me encontré con la definición de perlas y diamantes. Para uno de los secundarios del libro, las perlas son “esas energías especiales que se han de encontrar, almas que se funden con la tuya propia”, son “personas que no conoces de nada pero que aparecen en tu vida y marcan que tu yo vire”. En concreto, este personaje, busca 12 personas cada año y cuando da con una de ellas, añade una perla a un collar que poco a poco va creando.

Los diamantes en cambio son “cada una de esas personas que se hace tan básica y tan importante en tu vida que parece únicamente creada para ti”. Su teoría es que hay grupos de 5 personas que son diamantes las unas para las otras pero que están desparramadas por el mundo. De tal modo, que uno de los sentidos de la vida es encontrar a los cuatro que te faltan y por lo que, para ayudarte, surgen las señales”.

Como veis, me llegó y me hizo pensar sobre esas personas que se merecen estar en tu vida, pase lo que pase. A pesar de momentos de desencuentro, de distanciamiento,…, siempre llega la hora en la que uno de los dos da el paso para que esa distancia mengüe y el otro responde bien. Todos tenemos días en los que no soportamos a los demás pero no por ellos, más bien pasa porque no nos soportamos a nosotros mismos y lo pagamos con los más cercanos. Otras veces, las circunstancias nos superan y creemos que es mejor alejarnos aunque realmente no lo deseemos.

Pase lo que pase, sabes que esas personas tienen que formar parte de tu vida; estar ahí en mayor o menor medida; saber que cualquiera de ellos puede ser un refugio para ti y tú puedes ser el de alguno de ellos. Aceptamos su defectos, sus manías,…, incluso pasamos por alto cosas que nos han cabreado mucho pero preferimos no comentarles, evitando así su desazón. Nos aceptamos tal cual somos, con lo bueno y lo malo, porque somos nosotros mismos cuando estamos juntos.

Esa gente es la que merece la pena conservar y de la que sabes o presientes que contarás siempre haya los problemas que haya, el cariño se ocupará de imponerse en el tiempo. Además, cuando pierdes a alguno duele demasiado. Si es por una discusión, sea de quién sea la mayor responsabilidad, el enfado no puede prosperar entre vosotros. Se percibe por las dos partes que sois imprescindibles.

Muchas personas entrarán y saldrán de vuestras vidas, marcarán una etapa o no,… pero comprobaréis que se van como por ciencia infusa, sin dejar una huella que dure en el tiempo. Por eso, cada vez que encontréis una perla o un diamante… cuidadlo, porque aunque sepáis que “siempre estará” nunca hay que darlo todo por seguro.

Los sonidos del silencio

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Habéis leído bien, voy a hablar de los sonidos del silencio. Puede que sea un concepto bastante personal, por lo que paso a exponer mi visión:

Si vamos a su definición, según la RAE, el silencio es: 1) Abstención de hablar, 2) Falta de ruido 3) Falta u omisión de algo por escrito. Son las tres primeras definiciones y de todas sacamos que el silencio es la ausencia de una palabra hablada, un sonido o una palabra escrita. Hasta aquí todos de acuerdo, supongo.

Sigamos, pues. El silencio es “ausencia de”, un espacio vacío que no nos gusta. El silencio nos desorienta, nos desarma o pone a la defensiva,…, seguimos muchas veces la premisa “el que calla, otorga” sólo para interpretarlo como queremos. Pero eso no es así, el silencio no es algo plano, que haya ausencia no significa que no pueda existir. De hecho, el silencio engloba tantas respuestas y dice tanto que tendemos a aceptarlo o no, según nos afecte. Voy a simplificarlo en tres grupos.

Cuando estamos muy cómodos con alguien, suele pasar que hay silencios. De esos silencios que calman, que abrigan, que son un grado de confianza y bienestar extremo. Hay veces que no necesitas más que la compañía de ese “alguien”, ya sea un padre, un hermano, un amigo o tu pareja. Este sería su sonido dulce, apaciguador, el que nos hace estar serenos.

También hay ocasiones en las que el silencio es molesto, nos incomoda. En una entrada, os hablé de mi combate con él y cómo no dejaba que apareciera. Cuando tienes una cavilación, que no es más que un acto para desgastarte sin llegar a ninguna solución, el silencio no es bien recibido. Ese espacio que deja en blanco es aprovechado por nuestro cerebro para no dejarnos descansar. Ese es su sonido repetitivo, el que saca de quicio.

Y llegamos al silencio que duele, ese que se impone, generalmente, entre dos personas y es interpretado de distinta manera. Como dije antes, el silencio no es plano, no sólo tiene una lectura sino tantas como personas. Puedes callar por temor, por timidez,… y que el otro lo tome como una falta de interés. Otras veces, callamos esperando a que sea el otro quién de el paso; ¿qué pasa si la otra persona piensa lo mismo?. Muchas veces, el silencio puede ser el portador del orgullo. He visto a gente perdiendo lo bueno que tenían con otra persona, por culpa no tanto por el silencio, sino por la interpretación que hacían. Ese es el sonido estridente, el doloroso.

En ocasiones, perdemos oportunidades, amistades, tiempo,… por callar aquello que quiere salir a borbotones por la boca. Más de una vez, me he vuelto a casa con las palabras que quería decirle a alguien, aquí, atascadas en la garganta. Sé que si las palabras no salen, suele ser porque no es el momento adecuado. Pero aún así, aunque después se solucione todo, ese silencio dañino y subjetivamente interpretable se impone.

A día de hoy, aunque tengo claro todo esto; tengo algunas cosas sin comunicarle a gente que me importa. El silencio ha sido mi opción para no modificar distintas situaciones, por creer que no soy nadie para cambiarlas. Tal vez sea la forma de justificar miedos y sé que esos no llevan a ninguna parte, pero son inherentes a nosotros.

Puede que no predique con el ejemplo pero pensad sobre ello. El silencio puede ser lo peor que se interponga entre nosotros, su tonalidad e interpretación es tan amplia que cada uno asume una de ellas y una postura. Puede que, de vez en cuando, sea mejor hablar, decir las cosas conlleven lo que conlleven y dejarse de miedos o inseguridades.

Sea como sea, consideremos que es mejor callar por no estropearlo más o que es mejor hablar; espero que seamos nosotros quienes los gestionemos y no al revés.

Perdido en vida

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Sé que no vas a leer ésto, pese a estar todo el día pegado a tu ordenador. Aunque no te mereces que pierda mi tiempo con nada referente a ti, sigo siendo algo ilusa y confío en que tus ojos pasen sobre estas líneas algún  día.

Te estás perdiendo la Vida, por mucho que pienses que tu vida es Ella. Dichoso tópico de enamorados… Lo siento, debo decirte que la Vida es lo que está fuera de tu habitación, lejos del ordenador, sólo a una voz tuya y no una llamada o un simple tecleo.

Sé que no eres consciente y estás en tu burbuja de aparente Felicidad. Vuelvo a decirte lo siento, eso no es felicidad es dependencia y absorción. ¿Cómo alguien a cientos de kilómetros puede tenerte tan controlado? ¡Con lo fácil que es apagar el ordenador o no coger el teléfono! Pero no, no hay manera. Te hemos perdido y, lo que es peor, nos has perdido a todos los que algún día sentimos cariño por ti.

Tus amigos ya no te llamamos, ni avisamos, ni mandamos un simple mensaje o whatsapp. Primero, porque pasas de nosotros, nos dejas a un lado y te da igual si es porque queremos salir a divertirnos o necesitamos desahogarnos por algún problema. Segundo, porque Ella te abronca cada vez que alguno te reclamamos,  te conectas para hablar con alguien que no sea ella o  te das el lujo de jugar a la Play con los chicos, por ejemplo. Tercero, porque has consentido que nos aparte de ti, aunque la última palabra es tuya y captamos el mensaje “te estorbamos”.

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Me espero

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Con esas dos palabras, mi vecina (10 años) dió por finalizado el tema y me hizo sentir orgullosa de su madurez.

Hace un año se hizo un perfil de Facebook. El nombre de su prima, sus apellidos al revés y su cumpleaños con el año justo para tener los 18 requeridos. Este verano, me pidió el móvil para entrar en su correo (uno al que los profes puedan recurrir, en un futuro, para mandar problemas y lecciones) y, de paso, en Facebook. Le pregunté que si lo sabían sus padres y si ella era responsable de no aceptar solicitudes de gente desconocida. A lo primero, me respondió que no lo sabían pero que tenía agregado a su primo más mayor y él estaba pendiente. A lo segundo, me dijo “nadie sabe que, en realidad, tengo 9 años”.

Después, empecé la charla sobre la inseguridad cibernética, ser responsable, no chatear porque sí, no poner cosas ofensivas, no aceptar nada si no procedía de un conocido (y aún así),… Resumiendo, que las redes sociales hay que saber utilizarlas y ella no debería estar en Facebook (y menos, mintiendo sobre su edad). Ahí quedó el tema pero no lo desactivó.

Hace dos semanas, vino a mi casa para jugar un rato y, como no, perseguir a mis gatitos. Vio mi teléfono nuevo y me dijo que si lo podía ver. Se lo dejé pues es muy cuidadosa. Al poco, pregunta si la dejo entrar en su Facebook pues lleva un tiempo sin mirarlo (afortunadamente, sus padres no han puesto ADSL en el pueblo para que no entre en la red). Le di el visto bueno porque, así, yo podía verla en acción.

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