El chico sobre la caja de madera

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Tras una larga sequía lectora, una de tantas fases que puedo llegar a pasar, he recuperado la ganas de leer con este título.

Si os digo la verdad, el título me intrigaba pero no llamó mi atención en el catálogo del Circulo de Lectores. Por suerte, mi madre, más lectora que yo si cabe y con buen olfato para las buenas historias, reparó en él y el pequeño libro llegó a casa.

Fue ella quién me lo recomendó, diciéndome que era muy bonito pese a la dureza de cuánto relataba.

Y sí, es duro, pero contado con tal naturalidad y visión desde el pasado, cuando el dolor se atenúa pero los fantasmas siguen ahí, acechando cuando pueden. Es la historia de Leib Lejson, rebautizado Leon Leyson, un niño judío de 10 años que vive en Polonia y sufre, en primera persona, los horrores nazis. Desde su llegada a un campo de concentración, su único pensamiento será sobrevivir un día más y esperar que toda su familia se reúna de nuevo.

Para más datos, os diré que es un Schindlerjuden o judío de Schindler. Su padre entró a trabajar en una de las fábricas de Oskar Schindler y éste intentó por todos los medios que la familia Lejson permaneciera unida y lo más a salvo posible. Él tenía el orgullo de haber tratado con Oskar y compartido con él complicidad, charlas en su despacho, etc. y dedicó la última parte de su vida a contar por todo Estados Unidos lo que ese “héroe” hizo por todos los judíos que pudo, valiéndose de su inteligencia y de numerosos sobornos.

Y otro motivo para recomendaros el libro es el Epílogo donde Leon narra su nueva vida en América, sus años de silencio y la herencia vital que le dejó a sus hijos y a cuantos le rodearon. Ha sido una sorpresa y me ha arrancado más de una sonrisa ver como no perdió nunca las ganas de vivir, de aprender, de superarse,…, el legado de amor, comprensión e ingenio que dejó tras su muerte. Además, hay material fotográfico para ponerle cara, ver el positivismo que transmitían su ojos.

Y me quedo con una frase tonta que decía cuando la tostada se caía del lado de la mantequilla “Supongo que he untado el lado equivocado”. ¿Por qué? Porque después de todas sus vivencias, de sus motivos para odiar y/o vivir con miedo o tristeza,… su personalidad y su humor supusieron que lograra salvarse no sólo en los campos nazis, sino en su día a día durante el resto de su larga vida.

Completamente recomendable y de fácil lectura. Pasa a ser una de mis pequeñas joyas literarias.

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