De grises

gris

Incompleto, infeliz, vacío, sobreviviendo en vez de viviendo, actuando por inercia, avanzando hacia ningún lado, buscando una paz que no encuentra. Ya no sabe ni cómo sentirse, ¿la vida es ésto? Piensa que si desapareciese nadie lo notaría, no merece la pena. Sus días son grises, se lo merece, es su destino. El color es para otros, el color le rehuye.

Otra mañana, el mismo sonido de la alarma, la misma hora, la misma rutina. Ni se molesta en mirarse en el espejo, no aguanta su reflejo. Ese es él: triste, huidizo, posiblemente sin alma. Da igual si va despeinado, con la camisa arrugada y la corbata torcida, nadie se dará cuenta. Es un ser desvanecido, nadie le mirará, pasará desapercibido.

Acaba la jornada, llega a su piso vacío. Se desploma en el sofá, se quita los zapatos y enciende el televisor. Sólo oye parloteo, no escucha, no le interesa… Cambia de canales, da con una película que vio hace tiempo. Antaño le gustó, recuerda cómo se reía. Pasado, hoy no. Mira su salón, libros descolocados, figuras cubiertas de polvo, DVDs apilados de mala manera,…, debería ordenar, limpiar. ¿Para qué? Nadie vendrá, estaba solo. Pesadamente va hacia la cocina, no le apetece nada de lo que tiene. Sólo siente cansancio y quiere dormir. Necesita sus pastillas, los pensamientos le asaltan y no le dejan pegar ojo. Se prepara unos cereales, se toma las pastillas (dos mejor que una) y vuelve al sofá, no coge el sueño en su cama, ya no.

Sueña, siempre es lo mismo, en grises. Un sueño que se va repitiendo en su mente pero que, desde hace un tiempo, no es igual. Cuando acaba, vuelve a empezar pero, a pesar de ser el mismo escenario, los acontecimientos no son los mismos. ¿Por qué? Es consciente de los fallos, intenta remediarlo, forzar el sueño,… Nunca lo consigue. Lleva así dos semanas y se despierta cansado, con dolor de cabeza, sin descansar. Nunca le había pasado, ¿significaría algo? Para qué pensarlo, es sólo un sueño.

Otra mañana más, igual, anodina. Mismo sonido, misma rutina, ¿serán así todos su días? ¿cómo pueden los demás ser felices? ¿Qué defecto tiene él? ¿Alguna vez lo fue? Sí, ¿quién no ha sido feliz en algún momento? Momentos, tal vez su error estaba ahí, en esperar momentos de felicidad y en olvidarlos rápidamente. Esos momentos que, desde siempre, esperó tener al alcanzar cada uno de sus objetivos. Pero esos momentos duraban nada, necesitaban mucho esfuerzo para disfrutarlos tan poco y acabó por ignorarlos. Se mira al espejo por primera vez, no le gusta lo que ve. No le gusta su rutina, su soledad, el lugar inhóspito en el que se ha convertido para sí mismo.

Suena la alarma del despertador otra vez, lo odia. Le quita las pilas, se lo mete en uno de los bolsillos de su abrigo y lo tira en el primer contenedor que encuentra en su camino. Esa tarde, al salir de trabajar, se comprará otro.

Quién sabe, puede que ese pequeño cambio en su rutina suponga el comienzo de una nueva vida. Al menos, ha sonreído al pensar en esa posibilidad…

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s