Volver a ser tú

Fallen_by_gorjuss

Hace unos años encontré dos fotos mías de la primera vez que fui a Barcelona y al pueblo donde nací y viví el primer año de mi vida. Recuerdo que aquel viaje era especial porque conocería los lugares por los que gran parte de mi familia pasaban casi a diario, dónde trabajan mis padres, dónde se conocieron,… Además, antes de ir a Barcelona iríamos al pueblo de Tarragona en el que, desde entonces, veranearía casi cada año, vería el mar, la entrada de los barcos pesqueros antes del toque de queda, cómo trabajaban los marineros,… Al ver las fotos, recordé. En aquellos días, era una niña despreocupada, risueña, vergonzosa hasta que analizaba al personal y con una curiosidad que, a día de hoy, permanece.

Pero, al mirar las fotografías, no me reconocí. No digo físicamente, sino un paso más allá. En las fotos estoy cegada por el sol mirando a cámara. En una, con un ojo guiñado, sonrisa ladeada y pícara y un mechón rebelde cruzándome el rostro; en la otra, tengo los ojos abiertos y brillantes y esa sonrisa sin separar los labios entre timidez y diversión. Me di cuenta de que hacía mucho que no sonreía así, que mis ojos no brillaban,… Me había vuelto triste, más retraída, huyendo siempre de las cámaras, de las miradas de los demás, ya no era espontánea, ni mucho menos risueña. Fue como una bofetada de realidad, ¿quién era la que sostenía esas fotos?.

Por aquella época, mi madre me comentó un día “te estás consumiendo como una vela y temo que un día te apagues, no eres tú”. ¿Por qué? Fue un cúmulo de cosas y no es momento para comentarlas, pero se puede resumir en que no confiaba en mí misma. Iba siempre como con miedo y, como una gran amiga me decía, era demasiado cuadriculada, no me permitía salir de coraza.

Afortunadamente, reaccioné (tarde o temprano, da igual) y corté con todo lo que había asimilado como natural. Rompí con todo y me propuse empezar de cero. No es fácil, os lo aseguro. Es uno de los procesos más duros que puede haber y hay recaídas. Cometí el error de no permitirme ningún fallo y eso me frenaba, me frustraba. Convertirme en juez, jurado y reo fue lo peor que pude hacer por aquella época, pero con ayuda exterior (profesional) y mis propios ensayo-error, logré superarlos… Me ha costado lo mio, esfuerzo, rabia, lágrimas,…, pero tuve constancia y tozudez. Saqué fortaleza en los momentos más duros.

En ese sentido, debo dar las gracias a un grupito muy especial para mí. Un grupo de amigos que vieron más allá de mi tristeza, de mi apariencia exterior y siempre me recalcaron lo valiente y fuerte que soy. Han confiado en mí y mi valía sin dudas y me lo han transmitido para que terminara de reaccionar. Es contradictorio pensar que no vales para nada pero, para los demás, eres un ejemplo de lucha. Todas ellas me veían realmente y no dudaron en ponerme delante del espejo para que yo también lo hiciera.

Hoy en día, no sólo vuelvo a sonreír como en aquellas fotos, sino que tengo las mismas sensaciones ante qué me deparará el día siguiente. No voy sobrada de confianza pero sé de mi valía, me he redescubierto y sólo quiero seguir creciendo. Sé que habrá trabas, obstáculos y limitaciones, pero no me importa si son ajenas a mí. Los peores obstáculos nos los ponemos nosotros mismo y, ahora, si que no lo voy a permitir.

Nota: lo escribí en febrero, no sé por qué no me lancé a publicarlo. 7 meses después, lo comparto porque el brillo volvió para no marcharse y el balance de este año, a puertas del otoño, no puede ser más positivo.

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