Frustración

frustración

No se me ocurre una palabra mejor para expresar lo que siento desde hace unas semanas. Una absoluta frustración que se que debo quitarme de encima a la de ya.

Normalmente, el escribir es el mecanismo que mejor me va para ello. Vuelcas todo lo que se te pasa por la cabeza a golpe de tecla o trazo de bolígrafo y todo se relativiza. No obstante, llevo unas semanas en las que ni pasarme por aquí me apetece. Digo que de ánimo estoy bien pero no es verdad, si estuviera bien de ánimo, a pesar de los dolores, estaría por aquí y por Cuentos; pero no lo estoy.

Hace unos meses, un mes después de escribir ésto, logré (no sin muchas peleas y mucha decepción con la mutua -me negaban que tuvieran “unidad del dolor” y, por tanto, el tratamiento que uno de sus doctores me había prescrito-) que me bloquearan la sacroilíaca y, tras 3 días de no aguantar por la presión del anestésico en ella, noté que los dolores localizados allí desaparecían. Seguí con mis contracturas musculares, mis dolores en piernas, caja torácica e, incluso, falanges; pero conseguía estar sentada y aguantar a caminar. Logré no caer rendida con la fatiga que me acosa y aproveché para recopilar información para futuros posts por Cuentos, así como relajarme y osar plantearme el hacer algo más que “estar condenada a mi sofá”.

A mediados de noviembre, comencé a notar que me cansaba más y si presionaba la zona sacra, me dolía. Intenté no bajar el ritmo, pude pasar de gimnasio y fisioterapia porque las contracturas molestaban mucho pero podía caminar y convivir con ellas. Aguanté el primer viaje, después de mucho tiempo, a Madrid y disfruté como una enana de la gala de los Bitácoras, de regreso a Salamanca estuve dos días en el sofá pero mereció la pena, pues pude pasar una jornada estupenda con algunos cuentistas y conocer a gente encantadora.

A finales de diciembre, comprobé que me entraba un sueño atroz a eso de las tres de la tarde; daba igual cuándo amaneciera y si salía de casa o no, que me agotaba. No obstante, si un día tenía que forzar y aguantar, lo hacía tirando de tramadol y parches de lidocaína; aparte, al día siguiente caía en el sofá y si no me movía, no pasaba nada. Me animé a ir a la grabación de Órbita Laika (gracias a Clara y a Enrique por animarme, el día de los Bitácoras, a no perdérmelo y gracias a todos por el trato y las risas de ese día).  Como no, tuve que ir un día antes, dormir en Madrid, llevarme todas las drogas posibles y confiar en que la adrenalina de ese día ayudara. Aguanté de 11 a 23, sin tumbarme ni un ratito y eso supuso todo un logro contra el Dolor. Estaba ahí, sí, pero era un día que ni él podía chafarme. Ya en Salamanca, me pasé día y medio sin poder salir del sofá pero ¡que me quiten lo bailado!.

A principios de febrero, me tocó revisión y el reumatólogo me derivó a la Unidad de Dolor del Clínico al comprobar, asombrado, que el bloqueo propuesto por el traumatólogo de la compañía privada me había funcionado tan bien. La lista de espera es enorme, de hecho aún no me llegó la citación. Fui al traumatólogo para decirle que me derivaban, que el reumatólogo tenía los informes y estaba encantado. También fui por si esperaba o ya me veía con el grado de dolor para infiltrar de nuevo. Me tocó y salté y creo que por si fuera por él, ya estaría intervenida. No obstante, la mutua le ha presionado y optó por mandarme a su consulta por lo público como preferente. Para que no os liéis, os puntualizo que el equipo de anestesistas y cirujano serían los mismos tanto por la sanidad pública como por la privada. Es más, en el Clínico tienen mejor equipo instrumental y no tienen presiones para aliviar a la gente que lo necesita.

La privada es más rápida pero hay tratamientos que no ofertan porque, si lo hacen, pierden pacientes saltando de especialistas en especialistas. El asesor médico llegó a decirme que cómo me fiaba de ese cirujano que me había visto una vez, le contesté que así estaba cuestionando al facultativo que está en su cuadrante. El cirujano recibió todos mis informes (recopilación de 3 años), me escuchó y, sin pensarlo, dijo que era la mejor candidata para probar si la articulación está comprometida a nivel orgánico (aunque no haya lesiones) o todo mi dolor es una interpretación loca de mis neurotransmisores. Por suerte me libro de otra pelea, aunque tenga que esperar más de un mes o dos en llegar a la Unidad por los pasos de la pública.

A día de hoy, ya no aguanto sentada más de dos horas sin que me duela la espalda y necesite tumbarme para liberar la presión en el ciático. Independientemente de la hora a la que me despierte, me levanto cansada y a la hora de la comida estoy que no me tengo de cansancio. No he vuelto a llegar a la Plaza Mayor (25 min. de casa) y, el miércoles pasado, tuve que parar dos veces para subir la cuesta que tengo hasta casa. Aparte de eso, tengo una tos nerviosa que sólo hace que mis “dolores de costillas” se agraven y me molesten más que el palpito doloroso en tobillos y rodillas por parte de mi ciático.. A todo mi tratamiento, se le ha unido el ventolin y el alprazolam. Vamos, que no pasaré una prueba antidoping en lo que me quede de vida.

Siento el rollo hasta aquí, pero toca desahogo. Los que me conocéis en persona y los que me conocéis por aquí, sabéis que mi ánimo siempre está arriba, que me tomo el dolor con filosofía y humor. El Dolor ha sido y está siendo el mejor maestro vital que he podido tener. Fastidia y no me gustaría que ninguno de los que leéis estas líneas lo pasárais, pero enseña a reorganizar prioridades. No obstante, no se puede estar siempre con la sonrisa puesta y tirando de fortaleza. Me estoy permitiendo el estar más baja después de esos casi 6 meses de mayor actividad. Cuando tenemos una mejoría, volver para atrás se hace más duro aunque sepamos que va a ser provisional y que mucho peor lo pasamos cuando comenzó la dolencia.

Al volver a verme así, volvió el Fantasma de la Incertidumbre. Sé que la intervención será un éxito y, además, van a cauterizar el nervio (anestesiarlo como a la articulación para que se quede tranquilo) ; puede que con eso esté un año sólo con los dolores sordos pero pudiendo pasear, estudiar, estar sentada horas sin pagarlo al día siguiente.

Sin embargo, mientras el remedio llega, por mi cabeza se pasa el ser un cacharro estropeado que no puede avanzar ni laboral ni académicamente, que no puede más que evadirse escribiendo o leyendo cuando el ánimo y la Musa acompañan, que sólo puede evadirse con su mente porque el cuerpo dice que moverse es doloroso. Intento no pensar porque es contraproducente, sólo el permitirme estar con la presa de las lágrimas a punto de abrir compuertas. Necesito saber que no soy tan fuerte, que puedo estar un día rabiosa y con la sonrisa borrada, que nada de ésto anulará todo lo que he conseguido y el gran momento en el que me siento a pesar de la rebelión de mis neurotransmisores.

Confío en que al soltar todo ésto, comience la remontada. Confío en volver a estar motivada, ilusionada y dando guerra otra vez, en no sentirme paralizada como en éstas últimas tres semanas…

Gracias por la lectura

Anuncios

Un comentario en “Frustración

  1. No pierdas el ánimo que te caracteriza, no voy a darte lecciones porque contigo, y gente como tú de fuerte, aprendemos los demás. He tenido la suerte de conocerte durante la ligera mejoría y espero que el tratamiento vuelva a ser eficaz y den con la tecla por fin.
    Hay ganas de verte en pie de nuevo y leerte y que estés lo suficientemente bien para que me hagas de guía por tu ciudad 😉
    :*

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s