De hámsters, invisibilidad y hartazgos

Hola, querido lector.

Sí, hacía mucho que no me dejaba caer por ningún blog pero tranquilo, tengo pensado volver a dar guerra por todos ellos. Voy a comenzar comentando algunas cositas que me sacan de quicio y no sólo me pasan a mí, por suerte o desgracia, según se mire. Recordando aquella serie que veíamos hace unos años, esta entrada trata sobre “Yo y el mundo”.

Si hay algo que me saca de mis casillas, como a Peter Griffin, es que invadan mi espacio vital.
Este espacio vital, es esa distancia que marcas como un campo magnético pero que muchos se empeñan en distorsionar, anular o ser inmune a él. A ver, creo que todos tenemos una distancia de seguridad y no hablo de la que recomienda la DGT pero debería darse en clase. Esa distancia de seguridad es la que los extraños, poco conocidos y conocidos deben reconocer y respetar hasta que tú decidas o reducir su radio o explotarla cual pompa de jabón.

He dividido a los “invasores” en tres clases:

Primera.-

Estás conversando distendidamente con una persona o un grupo de ellas y, con suaves movimientos, el invasor de espacio va expulsándote con arte y tronío del círculo o se interpone entre tu interlocutor y tú. Muchas veces te apetece ser invisible pero… socializando ¡no!, ¡es incompatible!. Y claro, cuando ocurre esto tienes tres opciones:

  • marcharte hacia otro lugar con disimulo
  • quedarte plantado sólo, a lo Calimero o Channing Tatum en “Todos los día de mi vida” cuando su mujer amnésica se encuentra en una fiesta con gente de su pasado.
  • Tocar el hombro del otro y decirle “hey, tío, me estás invadiendo. Será poca cosa pero verme se me, te lo aseguro”. Con esto conseguiréis un “ah! no me di cuenta, disculpa” (aunque al otro le va a dar lo mismo, porque va a volver a hacerlo y ¡lo sabes!). Algunos de quienes lo hacen tienen afán de protagonismo como una de mi pueblo que siempre intentaba hacérmelo frente a los chicos que le molaban (Que eran todos los del pueblo, ¿verdad, hija de monja? Besos”)
    Estaría genial ser como Damien en la Profecía y, con una mirada intensa, lanzarlos contra una pared. “¡Para que aprendas, capullo!”. Pregunta para esta gentita “¿os lo hicieron de pequeños y os quedo el trauma? ¿tenéis complejo de Calimero? Miraoslo, sois unas moscas cojoneras. Y, aunque nos hagáis sentir una hormiguita en algún momento, los que dais pena sois vosotros. Asín os lo digo.

Segunda.-

Te encuentras con alguien conocido por la calle y, o bien, se para contigo o bien decide ir en vuestro sentido. Situados, ¿no? Pues cuando comienza la charla, esa persona se abalanza sobre tí y o vas variando tu caminar hacia el sentido de la fuerza o terminas con un dolor de columna tremendo de llevar su peso.
Pero tanto si va a tu lado como si se sitúa enfrente, hay algo que los caracteriza sí o si y es que, a la que te descuidas, tienes su morro a pocos centímetros de tu boca. Vamos, que te ves haciendo la cobra en cualquier momento.

Suelen ser personas mayores de 60, en general, y supongo que será porque así se aseguran de que les escuchas bien. Y otra cosa, no paran de hablar para que no digas que te tienes que ir y dejarte tu espacio libre.

Tercera.-

Esta es cuando quedas con el típico amigo sobón (para los chicos)/ amiga sobona (para las chicas) que saben perfectamente que tú no soportas esas invasiones. Tú te pones en plan “no toques, para que tocas” y ellos te contestan “es que yo soy mucho de tocar”, lo que viene a ser “te jodes”.
Sea como sea, a los tres tipos les tengo una inquina impresionante porque MI ESPACIO VITAL es VITAL, DE SEGURIDAD,…, ¡Y MÍO!. En ocasiones me gustaría meterme en una bola como la de los hámsters y que vieran de una puñetera vez la delimitación FÍSICA. “ES MI ESPACIO, DE AQUÍ NO PASAS”.
¡OH,SI! Qué feliz sería con mi bola a lo Jake Gyllenhaal en “the bubble boy” o Bart Simpson cuando tuvo que estar aislado.

Reivindico mi bola hamsteriana o mi derecho a ser una bubble girl. Me encantaría ir con una gran bola transparente pero física para que todos la detectaran y yo fuera quien te deja entrar o no. Y bueno, os aseguro que mi bola es transparente pero con fosforescencia, que se ve de lejos y en la oscuridad. Por eso me saca tanto de quicio, ¡si me falta señalarla con un neón!.

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Yo soy de poner distancias. De hecho, muchos me la notan y hasta les ha cortado a la hora de comportarse conmigo como lo hacen con otras personas. Soy así y si doy con alguien que respeta mi burbuja y, aún así me trata con naturalidad, verá que poco a poco reduzco el diámetro y, sin salir de ella, me muestro tan cercana, risueña y amigable como siempre. Y ese respeto sale de que esas personas también tienen su espacio vital, más grande o pequeño, más permanente o sólo con extraños, y saben reconocer a uno de los suyos.
Con esas personas ocurre como cuando se juntan dos pompas de jabón y comparten una pared (por obra y gracia de la tensión superficial). Las distancias se reducen, pero cada uno tiene su burbuja que no le impide interaccionar.
Hay que dejar que cada uno controle su espacio y lo deje invadir cuando le venga en gana, no con imposiciones. Sólo yo soy quien lo decide, si me invades… Empezamos mal.

Y otro tema a colación del espacio vital es MI LIBERTAD A CONTESTARTE CUANDO ME SALGA DE AHÍ

¿Por qué este tema? Porque estoy hasta los mismísimos (collons) de que haya gente tan paranoica o triste o acomplejada que cree que si no les contestas rápido a un whatsapp, un comentario facebookiano o a un tuit es que pasas de ellos. Y… ahí empieza la pesadilla “te he visto en linea y no contestas”, “:( nada?”, “¿he hecho algo mal?”, etc. que tú te quedas mirando el móvil y gritas a lo Isabel Pantoja “Pero compraros una vida, ¡almas de cántaro!”.

Vamos a ver, la cosa suele ir de la siguiente manera; al menos entre mis conocidos/amigos:

Tipo A: Tengo tiempo, pero en realidad no.
Me escriben “hola, tienes tiempo?… que tal te va? Cuenta.” Yo paso a contestar “sí, tengo tiempo, por aquí sin gran novedad. Estás bien?”….
4 horas después viene el “Perdona me dormí”, “perdona estaba ocupado”, “perdona estaba jugando a la play”. A lo que yo me callo (porque no suelo ser contestona) pero me quedo con ganas de decirle “Si no tienes tiempo, para que me molestas, copón”.
Al que se le une el que solo pone “Hola”…
¿contesto hola en plan besuguil? Pues no, lo siento. A los dos dias otro “hola….” y después es capaz de decirte que no te localizó para contarte algo.
¡¿Acaso hay limite de caracteres?! ¡¿Acaso no podias decirme “hola, mira, me ha pasado algo y necesito un consejo bla bla bla bla. ¡Que no es el teléfono fijo de casa, coñe!

Tipo B: Tú contéstame ya, que yo si eso…
No hay sistema a la hora de contactar, pero pongamos que escriben ellos.
Yo contesto.
Ellos o bien dejan pasar dos semanas o bien no leen nada de lo que he escrito y… ¿que pasa?
Que pasado ese tiempo vuelven a escribir contándote que si estuvieron liados, que les cuentes como vas y que aún no leyeron nada tuyo pero lo harán (sólo llevo escribiendo desde 2011 si contamos mi página de los 80, mamonazos).

Vale, recoges la información y ese día no estás para contestar por cualquier razón o no lo ves importante o es tarde…. ¿Qué pasa ahora? Que se acojonan y lo siguiente es mandarte caritas tristes, poner tu nombre seguido de puntos suspensivos que yo visualizo como ojos de corderito degollado o mi gato cuando quiere algo, ponerte un “nada pero espero que estés bien”, “contesta”…
¿Os dais cuenta de lo infantiles que sois? Inseguros, inmaduros,… Y yo suelo ser buena, educada, no hacerme mala sangre y pasar pero no me da la gana cargar con neuras o psicopatías de otros, gracias.

Tipo C: El neuras cansino
Los que llenan el amplio grupo (ya con chicas incluídas) de “pasas de mi”, “te he visto en línea”, “¿te hice algo?”; de los que te dicen “llámame” y antes de que tú te lo pienses ya te están llamando…

Este es el grupo con complejo de mosquito. Sí, es ver tu esfera reluciente y no dejar de darte por saco… ¿En serio?. Voy a explicarme mejor porque llego a la zona de hartazgo o “tengo el dedo preparado para bloquearte de mis redes y mi vida” Muahahahaha.
A ver, si yo escribo a alguien y veo que no me ha contestado pero visto mi WhatsaApp, lo que tiendo a pensar es que no ha tenido tiempo o gana de contestar pero no me pongo “ay, ay, que le hice que no me ajunta”, “seguro que he metido la pata”, “buff, ¿por qué no escribe? voy a ponerle carita triste o algo”.

Con muchos tengo el código, que creo que es el normal de:
-Si algo es urgente: se llama; si no se coge el teléfono, se manda un sms. En caso de no mandar sms. Manda un whats con un “es urgente” o un “necesito hablar con alguien, llámame”. Y acudo ráuda y veloz, en cuanto pueda. Pues me estoy refiriendo con este texto a cuando se trata de tener un rato y hablar de cosas cotidianas, anécdotas, etc.
-Si no es urgente: tienes dos opciones, ponerme una pregunta y que cuando yo pueda te conteste o mandarme los whats/mails de largos que quieras que cuando pueda lo leo y te contesto. No sé, ni con una pareja me he puesto así nunca porque puede haber miles de motivos por los que no se pueda contactar en el acto, se conecte uno casi dormido y lea pero ni se entere, etc. No entiendo esa dependencia del otro.

Tanta paranoia e infantilismo no es normal, pensadlo. Que ya tenemos una edad para estar con los me ajuntas, no te ajunto.
Hemos asimilado que con las redes sociales, lo normal es estar en contacto toooodos los días, en el momento, a toooodas horas cuando vemos un “en línea” o “fulanito ha actualizado su estado”. Pero ¡no es lo normal!. Se dan fases en las que estás charlando con alguien todos los días y fases en las que se frena el contacto por lo que sea, ni tiene por qué haber una riña o un problema. Porque lo normal, amigo mío, es estar distraido, trabajando, estudiando, socializando con los que tienes cerca, no agobiando a la gente por whats, face o twitter porque estás aburrido… Y eso es lo que quiero que se me respete, igual que yo respeto a los demás (sin pensar que hice algo mal y la fastidié).

Con esta parte, quien se quiera dar por aludido que se lo de pero es mi forma de funcionar con todo el mundo. Se puede contar conmigo si no agobias; si agobias o lloras… la has liado, pollito. Y si no, que se lo pregunten a una amiga mía a la que tuve todo un verano “castigada”. Le prohibí que se pusiera en contacto conmigo hasta que yo diera el primer paso porque me tenía hasta los mismísimos de sus “¿Cuando vienes? Tengo ganas de verte” quasidiarios y la sensación de hablar con una pared era demasiado para mí.

Ofú, si es que todo es mucho más sencillo, carajo. Además, tengo tanto derecho a mi espacio vital como derecho a contestar cuando me plazca y conectarme cuando me de la gana, hablar con quien quiera y con quien no quiera que se quede ciego de verme en línea y espere.

Y el post puede parecer gisible (que diría Ponzio Pilatoz en la Vida de Brian) y era parte de mi cometido pero, por suerte o por desgracia, tengo asuntos, problemas, dolencias y proyectos en los que invertir mucho más tiempo y energía que en que los de mi alrededor me carguen con sus neuras. Por eso me fastidia tanto.

Resumiendo, mi consejo: Respetar los tempos y distancias de los demás y nunca apartar a nadie de su sitio en una reunión, conversación, etc. Si quieres que te respeten y tengan consideración contigo, hazlo con los demás.

No es tan difícil tener al otro en cuenta, aunque sea un completo desconocido.
Así que lo dicho, añadiendo: también TENGO DERECHO A MI DIA DE MIERDA, como bien postulan Oihana y Guillermo.

¡FELICES Y RESPETADOS ESPACIOS VITALES PARA TODOS!. Y como dijo Alex O’Dogherty MI ENERGÍA ES MÍA.

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