Belleza matinal

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Despertó con un ligero hormigueo en el brazo y sonrió al pensar que bien valía por tener la cabeza de ella tan cerca de él. Vio que su lado estaba vacío y una sensación de tristeza le invadió, pero sus ropas, sus zapatos,…, todo estaba desperdigado por la habitación. ¿Dónde estaría?

Comprobó que faltaba su jersey azul, el mismo que no le había dejado cuando Ella replicó que le haría frío por el pasillo con su fina camisa. No pretendió ser descortés, ¡cómo le gustaba esa camisa en ella! Sus botones traicioneros y… no se le ocurría otra prenda con la que estuviera tan seductora como aquella noche. Percibió sonidos al fondo del pasillo y encaminó hacia allí sus pasos, sigiloso se asomó a la cocina.

¿Qué le pasaba? Tenía la mente en blanco, paralizado ante la imagen que tenía delante. Unos pies pequeños y descalzos, unas piernas bien torneadas… y una melena ondulada y despeinada que caía sobre su grácil figura cubierta con el jersey azul. Daría todo por parar el tiempo en ese instante o, como mucho, unos segundos después, cuando Ella se volviera y le mirara con esos preciosos ojos negros…

De repente, los aplausos resonaron en el salón y se encendieron las luces. Allí estaba Ella, tan profesional, tan hermosa,… tan lejos en el escenario como lejana en el tiempo esa aún nítida imagen suya…

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