Paseo otoñal

Estaba a oscuras, no podía ver nada. Alrededor de su cabeza, tapando sus ojos, había algo áspero y rugoso. Se sintió más nerviosa aún cuando comenzó a notar como si estuviera en el vacío, sujeta en él con lo mismo que le tapaba los ojos. ¿Parecían raíces?  ¿Lo eran? Con una de sus manos, libre pero con poco movimiento, palpó la que pasaba por debajo de su pecho, le recorría y presionaba, cortándole la respiración. Sí, eran raíces que la acunaban… se agitó con todas sus fuerzas pero fue en vano. Por si fuera poco, su nerviosismo aumentó al notar como si unas ascuas prendidas se acercaran a sus tobillos, sus rodillas, sus caderas,… Sus piernas corrían el riesgo de arder y su pecho parecía estar en llamas.

“Burning roots” de Frank Diamond

No podía ver, sólo sentir y esas sensaciones no le gustaban. Ese excesivo calor, comprendió, procedía de su propio infierno, ese mismo que sufría cada día… El Dolor se había colado en su sueño y no había manera de escapar. Intentaba gritar, nada salía de su boca. Un infierno, como bien decía.

Tras unos minutos que parecieron horas, notando ese calor y esa presión tan desagradables… pudo gritar y se despertó. Su corazón latía a mil pero ya estaba en el mundo real… con ese pico doloroso que, de vez en cuando, su enfermedad le regalaba. Estaba empapada por la lluvia aunque eso parecía aliviarla. Se quedaría, empapándose, hasta recuperarse de todo.

Tardó un tiempo en recordar cómo había llegado allí. Apenas unos veinte minutos antes, iba por un camino arbolado bordeado de campos llenos de flores amarillas y moradas propias del otoño: lavanda, caléndulas, jaramagos, siemprevivas y toques blancos de milenrama. Recordó sentirse exhausta, cómo su pecho comenzó a dolerle y decidió tumbarse en uno de los campos laterales. En ese momento, las nubes comenzaron a taparle los rayos que acariciaban su cara y comenzaron a caer gotas. Gotas que pronto resbalaron por su frente y sus mejillas, sensación que le encantó y adormeció…

Sus primeros momentos del sueño fueron preciosos. Se sintió ágil, grácil, ligera y risueña mientras dibujaba, a golpe de acuarela, ese campo amarillo. Ese lleno de caléndulas, en el que deseaba estar… en el que quería permanecer.

Foto de Rosie Hardy

Pero hubo de conformarse con esa breve y agradable escena, ya que pronto quien floreció fue su propio brote…

Esta entrada participa en la convocatoria de Octubre de 2020 de @divagacionistas en #relatosBrotes

2 comentarios en “Paseo otoñal

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