Hormiga

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Pequeña, muy pequeña, mínima. Así se sentía. Cansada, agotada, con un peso enorme. Así se sentía. Ella era una simple hormiguita a la que nadie veía, insignificante. Una hormiguita que aceptaba todo comentario de su poca valía, de su poca importancia en la vida. Así se sentía y así se veía. Ningún esfuerzo era meritorio, toda equivocación era esperada. Ningún logro era merecido sino cosa del azar. No era nada y se lo creyó.

Así siguió viviendo una gran temporada, cargando un peso que era 6 veces mayor que ella. Acatando premisas de otros que la desmotivaban. No era nadie, no era nada. Una simple hormiga que nadie tenía en cuenta. Llegó un día que ni tenía miedo a que la pisaran, a que le dijeran que era una indefensa hormiga. No era nadie, no era nada. Era prescindible, absolutamente prescindible. Si bien, quien la hacía sentir pequeña, le decía que era lo más grande que tenía. Ironía en sus palabras.

Quien disfrutaba de verla empequeñecida, necesitando su ayuda, su aprobación, su apoyo pese a no ser nada, no la quería bien. Bueno, no la quería. Se quiere o no se quiere. Nadie quiere mal, ni a su manera. Cuando se quiere, se quiere y se hace al otro más grande, más hermoso, más válido, aunque el otro ya lo sea. Cuando se quiere, uno acepta defectos y aptitudes. Pero en su caso, sólo se veían sus defectos. Tenía suerte de que la quisieran.

Hasta que un día, vio su reflejo. Se vio con esa carga enorme que no le correspondía. Se vio pudiendo con esa carga, pese a ser esa hormiguita enclenque que decían. Si podía con ese peso, era fuerte. Era más de lo que creía. Era más de lo que le habían hecho creer. Tenía que cambiar, todo estaba en su mano.

Dejó su peso, buscó sus orígenes. Se alejó de quien le hacía sentir agradecida de su atención. Abrió su mente y se lanzó al mundo. Confió en sus decisiones, dejó a quienes le decían que ella no podía decidir. Se sintió libre y se encontró. Dejó de ser una hormiga y volvió a ser ella.

La maldición se había acabado.

La estrategia

Sonó el despertador, un nuevo día se abría paso. Saltó de la cama, comenzaba la semana de clases y la vería. Le había llamado la atención el primer día del curso,  sin embargo, no fue hasta que se dirigió a él para preguntarle algo cuando cayó rendido a sus ojos. El color, el brillo, la alegría que desprendían,… “Algún día será mía”.

La divisó con su mejor amiga a unos diez metros de él, hoy le llevaban ventaja pero no iba a correr para alcanzarlas. Podría ponerse en evidencia y esa no era su forma de actuar. Además, la semana anterior había sido incapaz de hablarle durante las prácticas. Por suerte, estaban en el mismo grupo. Cierto es que la había visto deshacerse en risas con el pánfilo ese del que todos decían que era un guaperas y el chico no parecía nada incómodo… pero se la ganaría él.

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Cruce de miradas

Aquella calurosa tarde de Agosto, Iván esperaba a la puerta de la Iglesia, acompañado por su novia. Se casaba el mejor amigo de ésta, quién estaba eufórica. No conocía a nadie de la boda quitando a los novios: Gonzalo y Sofía. Gonzalo y Elena, su novia, habían tomado caminos distintos y, aunque no había semana en la que no se pusieran en contacto, pocas veces habían coincidido. Justamente intentaba contabilizar sus encuentros cuando la vista se le fue hacia una figura femenina que venía en su dirección, con paso seguro y gran aplomo. Un rayo de Sol se coló entre los álamos y pudo descubrir un brillo ámbar en sus ojos. Nunca pensó que le pasaría pero volvía a sentirse como un adolescente.

Aquella calurosa tarde de Agosto, Paula llegaba tarde a la Iglesia. Debía llevarle las alianzas a Fede, el mejor amigo de su hermano. Temía que su  hermano llegara antes y se diera cuenta del despiste de uno de sus testigos. Iba ensimismada pensando en su reducido margen de tiempo que ni era consciente de que estaba a escasos 10 metros del lugar. La luz del Sol le dio en los ojos, justo para cegarla unos instantes. Cuando se le aclaró la visión, vio que todo el mundo estaba allí pero no podía entretenerse a saludar. “¡Enseguida vengo a veros, tengo una misión!” se oyó decir risueña desde lo alto de los escalones parroquiales. Iba a girarse para entrar y entonces reparó en él. Serio, elegante y con una mirada directa. No lo conocía pero sintió un vuelco en el corazón.

Ahí estaba, había salido de la parroquia y estaba saludando a todos, escuchó su risa lejana y le encantó. Resultó conocer a Elena, era la “hermanita de Gonzalo” y cuando se la presentó, se encontró con era mirada cálida. Fueron apenas unas décimas, unos segundos a lo sumo, pero lo justo para grabarla en su retina. Al darle los dos besos de rigor, le llegó un perfume suave y delicado que le encantó. Su loco corazón latía más fuerte que nunca.

Al salir, intentó saludar a todos sin entretenerse demasiado, pues su hermano estaría a punto de llegar. Una de las últimas personas en su recorrido era la incondicional Elena, se fundieron en un sentido abrazo y le dijo que ella se encargaría de que lo pasaran de maravilla. Elena le presentó a Iván, su novio. Pudo apreciar que sus ojos eran de un azul oscuro pero no transmitían nada de frialdad. Ese cruce de miradas bastó para que su pulso se acelerara y el color subiera a sus mejillas. Le dio los dos besos de rigor apresurados y huyó… Su piel era suave y el roce de sus labios en la mejilla le provocó un escalofrío.

Los dos estaban en el mismo punto. Sin saberlo, sus mundos acababan de volverse del revés.

No sólo un sueño

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Volvió a soñar con Ella, a sentir en sueños las mismas sensaciones como si estuviese despierto. Sólo paseaban y Él le decía “sé que no has venido para quedarte, que te marcharás aún sabiendo lo que me haces sentir”. Ni esperaba respuesta, ni la tendría, Ella sólo le miraba unas décimas de segundo para seguir mirando al frente. “Sé que sientes lo mismo y aún así volverás a marcharte. Te tendré sin tenerte nunca, igual que tú me tendrás por siempre”. Media sonrisa se abrió paso en el rosto de Ella para desaparecer.

Volvía a estar solo, pero esa sensación vívida sentida a su lado permanecía. Ella le había enseñado a reconocer el verdadero amor, el puro, el que no corta las alas, el que respeta la libertad del otro y el que sigue presente aún cuando ese amor no puede con las circunstancias.

Ella, una vez, le dijo que encontraría a alguien con quién sería tan feliz como lo fueron los dos, el Destino no permitiría que alguien tan noble y especial se quedase solo, sumido en un Recuerdo. Ese amor se reencarnaría, lo reconocería y llenaría el resto de su Vida. Él sólo quería que tuviese razón, aunque tuviese otro aspecto… el amor que le inspiraría esa nueva alma sería el mismo.

Despertó y no se sintió solo a pesar de su piso vacío, siempre quedarían sus sueños y la promesa de su reencuentro.

Cara y cruz

máscara

Las entradas de Cara y Cruz estaban escritas desde hace mucho tiempo, guardadas en borradores para darles salida algún día que la Musa me abandonase. ¿Por qué salieron esta semana? Por un sueño que tuve.

Esta vez el sueño vino después del relato y no al revés, pues los sueños suelen ser la llave a un tema. Igual que algo visto durante un paseo, en las palabras de alguien, etc. La inspiración puede surgir de momentos cotidianos o negarse a aparecer por una temporada.

Era un día como otro cualquiera, no había pasado nada excepcional y no había escrito ninguna entrada, la Musa estaba de descanso. De cara a la madrugada, me desvelé varias veces pero, después, caí en un sueño muy profundo. En él, sentía como si ya estuviera despierta y activa.

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