¿Sólo un juguete?

La noche se le hacía eterna, estaba cansada de dormir. No podía abrir los ojos aún, pero sentía que un rayito de luz se colaba por una rendija.

Despertó y se encontró con esos ojos amables en los que podía ver su propio reflejo. Comenzaba la rutina, él le eligió un vestido precioso, como cualquiera de los que tenía. Aunque hoy le apetecía ir de rojo, no de verde. ¡Ojalá pudiera decírselo! El verde no estaba nada mal, pensó.

Le repasó el maquillaje y, al ver su sonrisa, supo que estaría preciosa, causaría sensación. Sin embargo, la dejó sentada delante de un espejo y, al verse, pensó que algo de colorete o un poquito de color en los labios le favorecería. Emitió un pequeño suspiro, ¡ojalá pudiera arreglarse ella!

Aunque no tenía razón para quejarse por detalles tan nimios como de qué forma ir vestida o maquillada, él estaba contento con ella y ella era feliz, ¿no? Había escuchado que si dudabas sobre tu felicidad, algo iba mal. Apartó ese pensamiento, era feliz, ¡Y era todo gracias a él!

Pasado un tiempo, él volvió arreglado, elegante y emanando una seguridad que no todos tenían. Hoy bordaría su actuación, no había duda. Sólo esperaba estar a la altura. ¿Podría equivocarse y hacerle sentir vergüenza? Imposible, sabía qué decir, estaba marcado en el guión.

Sintió su abrazo y cómo la reconfortaba, notó la aprobación en su cara y se sintió plena. La cuenta atrás comenzaba. Se abrió el telón y observó como todos sonreían; sus palabras salían al ritmo de las paradas de él, no olvidó nada de su texto. Todos reían, aplaudían y ella se sintió feliz otra vez.

Se apagaron los focos, podía notar el orgullo en la cara de su compañero pero, al llegar al camerino, su gesto se volvió serio. No le dijo “buen trabajo” o “estoy orgulloso de ti”. Hacía mucho que no se lo decía y comenzó a sentirse triste.

Sonó una melodía conocida y observó como él tecleaba sin parar, sonreía. Sólo significaba una cosa: se iría como otras tantas noches y la dejaría sola.

Le puso su modesto camisón, le lavó la cara para no dejar restos de maquillaje y la metió en la cama. Aunque… no sabía si podía llamar cama a una caja donde la dejaría prisionera hasta la próxima función.

¿No habría nada más en la vida de una marioneta?

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Belleza matinal

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Despertó con un ligero hormigueo en el brazo y sonrió al pensar que bien valía por tener la cabeza de ella tan cerca de él. Vio que su lado estaba vacío y una sensación de tristeza le invadió, pero sus ropas, sus zapatos,…, todo estaba desperdigado por la habitación. ¿Dónde estaría?

Comprobó que faltaba su jersey azul, el mismo que no le había dejado cuando Ella replicó que le haría frío por el pasillo con su fina camisa. No pretendió ser descortés, ¡cómo le gustaba esa camisa en ella! Sus botones traicioneros y… no se le ocurría otra prenda con la que estuviera tan seductora como aquella noche. Percibió sonidos al fondo del pasillo y encaminó hacia allí sus pasos, sigiloso se asomó a la cocina.

¿Qué le pasaba? Tenía la mente en blanco, paralizado ante la imagen que tenía delante. Unos pies pequeños y descalzos, unas piernas bien torneadas… y una melena ondulada y despeinada que caía sobre su grácil figura cubierta con el jersey azul. Daría todo por parar el tiempo en ese instante o, como mucho, unos segundos después, cuando Ella se volviera y le mirara con esos preciosos ojos negros…

De repente, los aplausos resonaron en el salón y se encendieron las luces. Allí estaba Ella, tan profesional, tan hermosa,… tan lejos en el escenario como lejana en el tiempo esa aún nítida imagen suya…

Carta abierta

Borregos Illuminati

A la atención de la autoridad pública competente:

Nos dirigimos a ustedes con preocupación ante el anuncio de la charla que Josep Pàmies tiene previsto impartir en su municipio en fechas próximas.

Decimos con «preocupación» porque el señor Pàmies  es conocido por sus afirmaciones pseudocientíficas, realizadas sin el sustento de la evidencia científica correspondiente en un terreno tan delicado como es el de la sanidad y la salud. La  celebración de dicha charla deja en claro desamparo a los potenciales asistentes, que pueden tomar por ciertas las afirmaciones de este agricultor catalán. El posible público receptor de esta charla acude en muchos casos desesperado, acuciado por problemas de salud que requieren de soluciones reales y sustentadas por evidencias, estudios contrastados y pruebas empíricas suficientes.

Josep Pàmies no tiene colegiación médica alguna, no cuenta con las acreditaciones necesarias para hablar sobre plantas medicinales y sus efectos, que, no sólo desconoce, sino…

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De grises

gris

Incompleto, infeliz, vacío, sobreviviendo en vez de viviendo, actuando por inercia, avanzando hacia ningún lado, buscando una paz que no encuentra. Ya no sabe ni cómo sentirse, ¿la vida es ésto? Piensa que si desapareciese nadie lo notaría, no merece la pena. Sus días son grises, se lo merece, es su destino. El color es para otros, el color le rehuye.

Otra mañana, el mismo sonido de la alarma, la misma hora, la misma rutina. Ni se molesta en mirarse en el espejo, no aguanta su reflejo. Ese es él: triste, huidizo, posiblemente sin alma. Da igual si va despeinado, con la camisa arrugada y la corbata torcida, nadie se dará cuenta. Es un ser desvanecido, nadie le mirará, pasará desapercibido.

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No limits

Hacía tiempo que se sentía sin fuerzas, sin ilusión,… Sólo quería dormir, que los días se limitaran a pasar. No quería pensar aunque tenía un pensamiento recurrente… “No sé por qué estoy aquí. Si desaparezco, nadie se dará cuenta”. Su sensación de soledad e incomprensión le asediaba. No servía para nada, ya no. Ningún amigo tocaba el móvil para llamarle, a ninguno parecía importarle que sólo tuviera la compañía de sus lágrimas. Nadie parecía inmutarse y eso le molestaba. Esa una contradicción, quería estar entre sueños todo el día pero echaba de menos el apoyo de alguien, un simple abrazo… Pero eso no pasaría.

Sabía lo que pasaba en estas ocasiones, la gente se desubica con ella y no sabe si peca de paternal o de duro. Saben que la palmadita en la espalda y el “saldrás de ésta” no ayuda en nada y se quedan sin palabras que decirle. Todo es mucho más fácil visto desde fuera, todos tenemos todo clarísimo hasta que nos toca a nosotros, hasta que te sientes completamente hundido y desdichado.

No obstante, tampoco les culpa demasiado. Si dentro de su piel no sabía ni qué le consolaría o hiciera reaccionar, ¿cómo iban a saberlo los demás? Estas cosas no se suelen contar porque causan rechazo, porque tu ansiedad aumenta y la de tu alrededor también.

Un día, viendo sus ojos rojos y sus párpados hinchados por llorar, supo que debía pedir ayuda, gritar, aunque la respuesta fuese cruel, dura, le hiciese ver que había hecho un océano de una simple gota de agua. No quería hacerlo pero tampoco quería estar así y… era demasiado cobarde como para quitarse de en medio. No, esa idea no se había llegado nunca a asentar en su cabeza; podría irse a otro lugar, cortar todos los lazos y vivir en su caparazón pero la idea de la muerte le parecía espantosa.

Se sentó y apoyó sus brazos sobre el escritorio, miró al frente. Era un día soleado y centró su mirada en ese azul celeste. Vació su mente. Tras unos minutos, parpadeó y reaccionó. Cogió un taco de post-it, un boli y empezó a escribir y repartir los papeles por su habitación. Todas eran frases de aliento, era una especie de rebeldía contra su pesimismo y un ejercicio, el único que se le ocurría para motivarse.

A partir de ese día, cada mañana al despertar, lo primero que veía era un post-it naranja y, tal vez, el más simple de todos… contenía dos palabras “NO LIMITS”. En unas semanas, había empezado a ponerse a prueba, ¿realmente no tenía límites? ¿podía volver a sentir orgullo en su día a día? Sí, eran pequeños retos, hechos que los demás considerarían una banalidad pero que eran sus pequeños triunfos. Su ánimo empezó a mejorar, escribió más post-it por toda la casa recogiendo sus logros y planteando meta. Cada pocos pasos, veía una frase de aliento, otro reto o alguna pequeña victoria. La sonrisa se iba abriendo paso en sus labios, aún se sorprendía al ver su reflejo y observarla pero agradecía su presencia.

nolimit

Llegó un momento en el que se dio cuenta de todo lo que era capaz y lo que le quedaba por descubrir. ¿Estaba dejando de condicionarse? ¿Había abierto su mente y dejado de boicotearse? Sin duda, y ahora quería seguir sorprendiéndose a sí misma cada poco, ampliar sus campos de acción y de conocimiento, ver si algún reto le venía grande, etc. En resumen, quería sentirse útil y, sobre todo, viva.

Tal vez ya no le hicieran falta todos esos post-it llenando sus paredes, pero había uno que no quitaría nunca. NO LIMITS