¿Esperando?

Suena el despertador. ¿Debería cambiarle la melodía? No merece la pena, el sentimiento de odio se impondrá sea cual sea la responsable de espantar al sueño. Irremediablemente, otra jornada comienza; cómo no, igual que todas las anteriores. ¿También las futuras? Tan rápido como aparece ese pensamiento, lo desecha. Pensar está prohibido desde hace mucho.

De modo automático, repite los pasos de todos los días y, con cada uno de ellos, es más consciente de su Realidad. Esa sensación de vivir en el día de la marmota es errónea. El tiempo y la vida avanzan, inexorables. Quien está en un estado estacionario, en una situación invariable, congelada en un punto,…, es ella.

Se sienta y rodea la taza de café humeante con sus manos. Mira por la ventana hacia un punto lejano y rompe su regla de no pensar. ¿Esto será todo? ¿Se repetirá siempre el mismo escenario, la misma rutinas y las mismas sensaciones, mientras todo sigue en constante flujo y transformación a su alrededor? ¿Sería algún día la vida más benévola con ella? Con esta última pregunta se siente egoísta y sale de su ensimismamiento. Toma un sorbo de su café y traga todas esas pastillas de colores.

Lleva tanto tiempo en ese limbo, en esa espera eterna que ya NO espera nada.

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Charlatanes, me tenéis hartísima

enfadado

Comienzo a estar muy harta de esta moda o tendencia “New Age” (por no decir algo peor) de decir que las enfermedades son fruto de batallas internas, miedos, herencia de un familiar con el mismo nombre, depresión, insatisfacción, etc.

Más allá del complejo mecanismo o, siguiendo su lenguaje, Karma Cósmico que desencadene nuestra enfermedad. La única forma de luchar contra ella es la MEDICINA y eso si hay posibilidad de diagnóstico o la existencia de los medicamentos y técnicas adecuadas para ello.

Cierto que una buena alimentación y unos buenos hábitos son recomendables estemos o no enfermos, y que tener momentos de distensión, diversión u optimismo, ayudan a llevarlo. Pero AYUDA. Muy distinto de CURA.

Basta de hacer que un enfermo se sienta lo peor si tiene un día de rabia, bajón, de no salir de su cama. Si tú tuvieras una dolencia que te impide seguir con tu vida normal también tendrías esos DÍAS DE MIERDA. Si ya tienes derecho a tus días de mierda estando sano ¿Cómo no vas a tenerlo estando mal? No podemos exigirles estar siempre con el ánimo arriba porque TÚ Tampoco lo estás.

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Pilares no maestros

pilares

Hace un tiempo creía que necesitaba ciertos pilares en mi vida, alguno de los cuales consideraba esencial y primordial. Adjudiqué el título de muro de carga a uno que no lo era y lo he descubierto porque, al derribarlo, mi estructura, mi esencia y la seguridad en mis cimientos no se han resentido.

Es curioso como nos aferramos a lo que creemos esencial, necesario, sea un estilo de vida, una rutina o una persona. Tenemos un miedo atroz a no ser nosotros mismos sin ello, sin esa seguridad aparente. Y, sinceramente, vivir con el miedo a perder algo, o a no ser completo por su falta , no tiene cuenta. Sigue leyendo

Reflexionando

dudagorjuss

Llevo varios días dándole vueltas a un posible post sobre la amistad y las relaciones personales, en general. Pero no sé cómo plantearlo, así de simple. Por más vueltas que le doy, más ejemplos y vivencias que busco,…, sólo me lleva a la sensación de no saber explicarme.

Tal vez, lo mejor no sea hablar y dar un discurso memorable sobre ello, sino preguntarse (cuando una no tiene la verdad absoluta y nada en las relaciones personales es extrapolable). Y sí, estoy convencida, a día de hoy, de que no podemos generalizar, no podemos afirmar que la amistad es así o asá. Si ya cada uno somos un mundo ¿cómo no va a ser otro una relación en la que estamos implicados dos individuos?

Muchas veces dicen “un amigo es alguien con quien se puede hablar de todo”. Error, depende del amigo. El que seamos amigos no elimina el tabú. ¿No? ¿No os pasa que hay gente con la que no puedes hablar de determinados temas? Y eso no quita que sea más amigo o no ¿o sí?. Al menos, a título personal puedo afirmar que tengo amigos con los que hay temas que no se tocan y no porque lo tengamos prohibido, sino porque hay señales que te indican que no estáis en zona de confort si lo hacéis.

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Cicatrices

cicatriz

Hace unos días, leí una frase: “No hay nada que cause más dolor que una cicatriz emocional”. ¿En serio? ¿Cuántos os habéis parado a pensar en ésto? ¿Puede una cicatriz ser un gran impedimento?

Sabemos que las cicatrices corporales, las que se ven a simple vista, son duras de asimilar. Hay gente que nunca lo supera y/o recurre a la estética para borrarlas. Otros, simplemente, se avergüenzan de ellas y se esconden hasta de su reflejo en el espejo. Y luego están los que las muestran con orgullo, como símbolo de una lucha ganada y están dispuestos a contar “su historia” a quién le de la importancia justa o ninguna. Sólo la percepción y el punto del vista de quién las lleva en su piel son capaces de gestionarlas.

Pero, ¿y las emocionales? ¿Las que no se ven? Ciertamente, son paralizantes. La herida que las precede suele ser de dimensiones catastróficas, llegando a anular al individuo y que sienta que ese dolor nunca pasará. La herida va sanando con el paso del tiempo, emocional o física, siempre pasa. Pero… la cicatriz queda, como un grabado a fuego entre nuestra marabunta de neuronas, formando un nuevo nudo que no se deshace y que cambia nuestro comportamiento, tanto con nosotros mismos como con los demás.

¿Puede llegar una cicatriz emocional a paralizarnos y convertirnos en alguien distinto a quién éramos? Sin duda. ¿Podemos dejar de verlo como algo negativo, cargado de malas experiencias y culpabilidad hacía quién nos lo originó y hacía nosotros mismos? Sin duda, también. Con esfuerzo y mucho amor propio; con objetividad para situarla en el tiempo, en la linea temporal de nuestro YO, de nuestra vida.

Nada ni nadie debería causarnos tanto daño como para dejar que esa cicatriz nos acompañe, en negativo, el resto de la vida. Hay que elaborarlo, darle vueltas, aprender de lo pasado, saber que nada volverá a pasar igual, que cada experiencia nueva es eso ¡nueva!, ¡llena de posibilidades!. Esa cicatriz no sirve para que te acobardes, sino para que sepas leer las señales, para que tengas la seguridad de que no volverá a repetirse. Esa cicatriz duele y pesa, “pica” con los cambios en tu hoy; pero también es la puerta hacia la libertad en tu futuro. Esa cicatriz es imborrable pero poderosa, para bien, si tú te lo propones.

Todos tenemos cicatrices, todos sufrimos y decidimos “aprender” o no. Sólo depende de nosotros mismos el que la balanza se incline hacia un lado u otro. Pensadlo