Charlatanes, me tenéis hartísima

enfadado

Comienzo a estar muy harta de esta moda o tendencia “New Age” (por no decir algo peor) de decir que las enfermedades son fruto de batallas internas, miedos, herencia de un familiar con el mismo nombre, depresión, insatisfacción, etc.

Más allá del complejo mecanismo o, siguiendo su lenguaje, Karma Cósmico que desencadene nuestra enfermedad. La única forma de luchar contra ella es la MEDICINA y eso si hay posibilidad de diagnóstico o la existencia de los medicamentos y técnicas adecuadas para ello.

Cierto que una buena alimentación y unos buenos hábitos son recomendables estemos o no enfermos, y que tener momentos de distensión, diversión u optimismo, ayudan a llevarlo. Pero AYUDA. Muy distinto de CURA.

Basta de hacer que un enfermo se sienta lo peor si tiene un día de rabia, bajón, de no salir de su cama. Si tú tuvieras una dolencia que te impide seguir con tu vida normal también tendrías esos DÍAS DE MIERDA. Si ya tienes derecho a tus días de mierda estando sano ¿Cómo no vas a tenerlo estando mal? No podemos exigirles estar siempre con el ánimo arriba porque TÚ Tampoco lo estás.

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Nanodiamantes: cuando lo excepcionalmente bueno viene en envases pequeños

Ciencia Química en el siglo XXI

NanodiamantesContinuando en la línea del artículo «Nanopolvos – Cuando el tamaño sí importa», hoy nos vamos a centrar en unas nanopartículas de carbono que recientemente han mostrado unas excepcionales posibilidades en diferentes estudios. Nos referimos a los nanodiamantes.

Un nanodiamante es un diamante cuyas dimensiones externas están dentro del intervalo 1-100 nanómetros (1 nanómetro equivale a una mil millonésima parte de un metro). Los nanodiamantes, al igual que los diamantes, están compuestos por átomos de carbono colocados en una red cristalina (una estructura cúbica centrada en las caras, con la mitad de los huecos tetraédricos ocupados por átomos de carbono).

Todos los cristales de diamante presentan fluorescencia inducida por la luz ultravioleta (UV), pero para algunas aplicaciones es necesario que también sean fluorescentes en el visible (VIS), para poder monitorizar el trayecto de estas nanopartículas y comprobar si efectivamente son capaces de alcanzar al…

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Pilares no maestros

pilares

Hace un tiempo creía que necesitaba ciertos pilares en mi vida, alguno de los cuales consideraba esencial y primordial. Adjudiqué el título de muro de carga a uno que no lo era y lo he descubierto porque, al derribarlo, mi estructura, mi esencia y la seguridad en mis cimientos no se han resentido.

Es curioso como nos aferramos a lo que creemos esencial, necesario, sea un estilo de vida, una rutina o una persona. Tenemos un miedo atroz a no ser nosotros mismos sin ello, sin esa seguridad aparente. Y, sinceramente, vivir con el miedo a perder algo, o a no ser completo por su falta , no tiene cuenta. Sigue leyendo

Carta abierta

Borregos Illuminati

A la atención de la autoridad pública competente:

Nos dirigimos a ustedes con preocupación ante el anuncio de la charla que Josep Pàmies tiene previsto impartir en su municipio en fechas próximas.

Decimos con «preocupación» porque el señor Pàmies  es conocido por sus afirmaciones pseudocientíficas, realizadas sin el sustento de la evidencia científica correspondiente en un terreno tan delicado como es el de la sanidad y la salud. La  celebración de dicha charla deja en claro desamparo a los potenciales asistentes, que pueden tomar por ciertas las afirmaciones de este agricultor catalán. El posible público receptor de esta charla acude en muchos casos desesperado, acuciado por problemas de salud que requieren de soluciones reales y sustentadas por evidencias, estudios contrastados y pruebas empíricas suficientes.

Josep Pàmies no tiene colegiación médica alguna, no cuenta con las acreditaciones necesarias para hablar sobre plantas medicinales y sus efectos, que, no sólo desconoce, sino…

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Hormiga

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Pequeña, muy pequeña, mínima. Así se sentía. Cansada, agotada, con un peso enorme. Así se sentía. Ella era una simple hormiguita a la que nadie veía, insignificante. Una hormiguita que aceptaba todo comentario de su poca valía, de su poca importancia en la vida. Así se sentía y así se veía. Ningún esfuerzo era meritorio, toda equivocación era esperada. Ningún logro era merecido sino cosa del azar. No era nada y se lo creyó.

Así siguió viviendo una gran temporada, cargando un peso que era 6 veces mayor que ella. Acatando premisas de otros que la desmotivaban. No era nadie, no era nada. Una simple hormiga que nadie tenía en cuenta. Llegó un día que ni tenía miedo a que la pisaran, a que le dijeran que era una indefensa hormiga. No era nadie, no era nada. Era prescindible, absolutamente prescindible. Si bien, quien la hacía sentir pequeña, le decía que era lo más grande que tenía. Ironía en sus palabras.

Quien disfrutaba de verla empequeñecida, necesitando su ayuda, su aprobación, su apoyo pese a no ser nada, no la quería bien. Bueno, no la quería. Se quiere o no se quiere. Nadie quiere mal, ni a su manera. Cuando se quiere, se quiere y se hace al otro más grande, más hermoso, más válido, aunque el otro ya lo sea. Cuando se quiere, uno acepta defectos y aptitudes. Pero en su caso, sólo se veían sus defectos. Tenía suerte de que la quisieran.

Hasta que un día, vio su reflejo. Se vio con esa carga enorme que no le correspondía. Se vio pudiendo con esa carga, pese a ser esa hormiguita enclenque que decían. Si podía con ese peso, era fuerte. Era más de lo que creía. Era más de lo que le habían hecho creer. Tenía que cambiar, todo estaba en su mano.

Dejó su peso, buscó sus orígenes. Se alejó de quien le hacía sentir agradecida de su atención. Abrió su mente y se lanzó al mundo. Confió en sus decisiones, dejó a quienes le decían que ella no podía decidir. Se sintió libre y se encontró. Dejó de ser una hormiga y volvió a ser ella.

La maldición se había acabado.