De complejos, adolescencia y Renée

Desde que nos encontramos con las imágenes de una desconocida Renée Zellwegger, tuve claro que quería hablar de éste tema. Sin embargo, lo he ido dejando en borradores y creo que ya es hora de que vea la luz.

Como os decía de Renée, su transformación ha sido tal con eliminarse las bolsas superiores de sus ojos y afinar su mandíbula, más el uso del bótox en la frente, que no queda nada de nuestra adorada Roxy (Chicago), Bridget Jones o la desdolida Ruby (Cold Mountain).

Como habréis leído, ella dice estar encantada de que la gente la vea diferente. No es que se le vea diferente, es que es diferente. Lo que más me desconcierta es su pérdida de expresión de ojos, está comprobado que la mirada contribuye enormemente a nuestra identidad. Sus palabras han sido:

“Mis amigos dicen que estoy en paz. En forma. Durante mucho tiempo, me descuidé demasiado. Tenía un horario que no era realista, ni sostenible. En lugar de detenerme a calibrar mi vida, seguí corriendo hasta que me agoté, y tomé malas decisiones acerca de cómo ocultar este agotamiento. Pero era consciente del caos. Y, finalmente, tomé otra dirección. Hice el trabajo que me permite ser yo misma, formar un hogar, amar a alguien, aprender cosas nuevas y seguir creciendo como persona. La gente no me conoce desde que cumplí 40 años”.

Y yo me pregunto, ¿estará tan encantada realmente o es pose de cara a la galería? ¿Os imagináis someteros a un retoque estético y no reconoceros en el espejo? La sensación debe ser vertiginosa porque llevas años conviviendo con tu imagen, te agrade o no, viendo como la adolescencia o nos convierte en unos pimpollos o en “feos”, asimilando como con la juventud y la madurez, esos rasgos vuelven a la normalidad y se afinan.

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Recordatorio

dolor

Ayer fue el día contra el Dolor e, irónicamente, fue el día en el que mi Dolor volvió. No os voy a engañar, lleva dos semanas dando señales: un día me duele la zona del peroné, otro día los dedos de los pies, otro día no podía rozarme nada en la rodilla, otro día noté que mi paseo era más corto,…, hasta ayer.

Ayer, como cada día, me levanté y salí por el barrio: parada en cafetería habitual y regreso. Hice un recorrido que desde hace unos meses (conseguí que me anestesiaran la zona sacra y el nivel de dolor de esa articulación disminuyó, aunque los dolores musculares y las contracturas han seguido) no me supone un gran desgaste, puesto que he estado saliendo a caminar por el campo y he llegado a aguantar 5 km. sin que, al día siguiente, tuviera que estar en reposo total. Comparando las dos situaciones, sale de ojo que debería llegar a casa fresca cual rosa o lechuga.

Pues, sorpresa. En cuanto paré en el ascensor, mi piernas dijeron que ellas no aguantaban mi peso y el cansancio tomó el control. Ojos pesados, sensación de mucho peso de rodillas para abajo y falta de aliento. Directa al sofá, a descansar se había dicho. Sin embargo, tuve visita (ni recuerdo lo que hablé con ella) y, luego, debía hacer la comida. Y eso es todo un reto, cuando la cocina, que está a 5 metros, parece estar a 50 km. de ti. Por fortuna, llamó mi padre para avisar que llegaría tarde y pude descansar. La comida la haría media hora después, sentándome en un taburete y arrimando mi espalda a la encimera, luchando contra las ganas de caer en brazos de Morfeo otra vez. Es una pesadilla que algo tan simple y cotidiano te suponga un reto como la subida al K2.

Llegó la hora de descansar y ¿qué pasó? Pues que mis piernas y pies quisieron poner de manifiesto que no están bien y empezaron con un hormigueo doloroso insoportable. Recurrí a los parches de lidocaina que tengo por casa, metiditos en una caja porque no me quitan los dolores sacros y lumbares. La analgesia cuando hay este tipo de respuesta, a nivel cerebral, es ineficaz. Me parcheé los pies y sí, el nivel de dolor bajó un poco, pero Morfeo no se contentó y me abandonó, haciendo que mi cansancio siguiera en el tiempo. Estuve toda la tarde, enterita, en el sofá, sin moverme, las pastillas y lo que necesitase me lo traía mi padre y, aún así, ¡no descansé!.

La hora de hacer la cena se acercaba, mi padre fue a recoger a mi madre al trabajo y yo me encaminé a la cocina para que encontrase la cena caliente. Tuve que recurrir al taburete otra vez, eso o me sentaba en el suelo; por suerte, al haber sido tan lenta, mis padres llegaron cuando yo no podía más y me mandaron al sofá, en lo que ellos terminaban lo que yo había comenzado.

Podría deciros que me sentí inútil y frustrada pero, en ese momento, ni esos pensamientos podían pasar por mi mente. Sólo unas horas después, cuando me quedé sola, volví a sentir impotencia. Después de 4 meses en los que he estado más o menos activa, en los que el dolor ha estado presente pero a menor escala,…, el que me de semejante repaso, me desbordó. ¿Y qué hay que hacer cuándo te desborda? Pues respirar hondo y lento, rítmicamente, volcar todos tus pensamientos en un papel o tu muro de Facebook y permitirte unas pocas lágrimas (si la presa ya no aguanta más) para soltar presión. Aunque lo más recomendable, para mí, es tomarme el inductor del sueño pronto (si no hay pastilla para dormir, el dolor no me deja que duerma) e irme a la cama, acabando antes con mi “día”.

Hoy me he despertado con dolor, nuevamente, pies, rodillas, lumbares, costillas,…, y las manos me tiemblan. El cansancio no es tanto como ayer e intentaré estar ocupada, sobre todo mentalmente, para no pensar en ellos. El dolor sigue pero si desconectas no te vence psicológicamente, por eso es bueno buscarse distracciones: escribir, leer, hacer ganchillo, punto de cruz, escuchar música y perderte en las letras,… todo cuanto no te suponga gran gasto energético ni eleve tu dolor. Me gustaría pasar un sábado normal, sin que el dolor me marcase las pautas y lo voy a intentar, aunque sólo sea por el gusto de que Él no gane la partida. Ésto de tener los neuroreceptores majaretas, interpretando las señales como quieren, es un verdadero fastidio.

Pasad buen día y haced cosas divertidas por mí…

Reflexionando

dudagorjuss

Llevo varios días dándole vueltas a un posible post sobre la amistad y las relaciones personales, en general. Pero no sé cómo plantearlo, así de simple. Por más vueltas que le doy, más ejemplos y vivencias que busco,…, sólo me lleva a la sensación de no saber explicarme.

Tal vez, lo mejor no sea hablar y dar un discurso memorable sobre ello, sino preguntarse (cuando una no tiene la verdad absoluta y nada en las relaciones personales es extrapolable). Y sí, estoy convencida, a día de hoy, de que no podemos generalizar, no podemos afirmar que la amistad es así o asá. Si ya cada uno somos un mundo ¿cómo no va a ser otro una relación en la que estamos implicados dos individuos?

Muchas veces dicen “un amigo es alguien con quien se puede hablar de todo”. Error, depende del amigo. El que seamos amigos no elimina el tabú. ¿No? ¿No os pasa que hay gente con la que no puedes hablar de determinados temas? Y eso no quita que sea más amigo o no ¿o sí?. Al menos, a título personal puedo afirmar que tengo amigos con los que hay temas que no se tocan y no porque lo tengamos prohibido, sino porque hay señales que te indican que no estáis en zona de confort si lo hacéis.

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Volver a ser tú

Fallen_by_gorjuss

Hace unos años encontré dos fotos mías de la primera vez que fui a Barcelona y al pueblo donde nací y viví el primer año de mi vida. Recuerdo que aquel viaje era especial porque conocería los lugares por los que gran parte de mi familia pasaban casi a diario, dónde trabajan mis padres, dónde se conocieron,… Además, antes de ir a Barcelona iríamos al pueblo de Tarragona en el que, desde entonces, veranearía casi cada año, vería el mar, la entrada de los barcos pesqueros antes del toque de queda, cómo trabajaban los marineros,… Al ver las fotos, recordé. En aquellos días, era una niña despreocupada, risueña, vergonzosa hasta que analizaba al personal y con una curiosidad que, a día de hoy, permanece.

Pero, al mirar las fotografías, no me reconocí. No digo físicamente, sino un paso más allá. En las fotos estoy cegada por el sol mirando a cámara. En una, con un ojo guiñado, sonrisa ladeada y pícara y un mechón rebelde cruzándome el rostro; en la otra, tengo los ojos abiertos y brillantes y esa sonrisa sin separar los labios entre timidez y diversión. Me di cuenta de que hacía mucho que no sonreía así, que mis ojos no brillaban,… Me había vuelto triste, más retraída, huyendo siempre de las cámaras, de las miradas de los demás, ya no era espontánea, ni mucho menos risueña. Fue como una bofetada de realidad, ¿quién era la que sostenía esas fotos?.

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Mi historia

Mi historia comenzó el día después de Reyes del 2011, hice un mal giro en un escalón y empezó a dolerme la rodilla. Tengo una vieja lesión en ella y aguanto el dolor, por lo que no le di demasiada importancia. Sin embargo, a los pocos días no se iba y decidí ir a mi médico deportivo de confianza. No había inflamación (nunca se me inflama nada, aunque tenga esguinces) pero había sufrido un traumatismo muy importante hacía unos años y mi médico me pidió una resonancia.

La unión entre la tibia y el peroné no era nada estable y me dijo de poner un clavo para fijarme el peroné. Eso me asustó y decidí pedir una segunda opinión. El traumatólogo que me atendió me dijo que había una pequeña subluxación pero que estaba curada y sólo haría falta fortalecer la musculatura de los cuadriceps. Así que inicié la rehabilitación. El primer día me subieron a una plataforma pivotante en la que tenía que mantener el equilibrio con mi pierna herida… El dolor pasó de ser localizado en la rodilla a subir hasta medio muslo y, al cabo de diez días, el dolor era de glúteo y lacerante. Sigue leyendo