A ti, eterno ilusionado

Tenía algunas ideas para esta nueva entrada pero, de estas veces que no sabes por qué, me acordé de un amigo muy especial y rasgos suyos que estoy viendo en otra gente y que, aunque no lo sepan, van a sufrir mucho.

A este amigo lo conocí la segunda semana de prácticas, lo había visto por clase (dos de mis amigas estaban, como adolescentes que eran, loquitas por él) pero no habíamos hablado. ¿Cómo lo conocí? Vino a mojarme con el frasco lavador sin venir a cuento y, después, vino a ver la hormiga que pesé en la balanza analítica (eso de tener un hormiguero cerca no es bueno para la pesada). Sí, mojadura gratuita e insectos pululando por el laboratorio, idílico y verídico. Por cierto, la hormiga me daba peso negativo… ahora que recuerdo. Después vino a disculparse pero nos caímos en gracia y, desde ese momento, nos dedicamos a descubrir cafeterías salmantinas fuera de las horas de clase, ir a dar paseos, contarnos nuestros sueños y problemas,…

Sigue leyendo

Anuncios

De vuelta

abrigorojo

No se acostumbraba a su nueva casa de alquiler, carecía de personalidad y de vida como ella. Era tan reducida que sus cremas, maquillajes, etc. parecían ocupar todo el cuarto de baño, pero seguía faltándole esa mitad por la que pelear con Él. Su armario ahora estaba lleno  y tenía cajones para todo lo habido y por haber. Pero echaba de menos las protestas de Él por la invasión sufrida. Iba a tardar en superarlo más de lo que pensaba.

Parecía empeñado en no reaparecer en su vida, en ni intentar un acercamiento; así que decidió ser ella. Tras ponerse el abrigo rojo que le regaló, sin apenas ser consciente del camino tomado, apareció en Su Lugar con la esperanza de verle. Sigue leyendo

Descubrimiento

tacitasola

“Yo… yo, bien aunque con ganas de verte. Pero qué…” esa frase volvía una y otra vez a su mente. Su primer impulso fue llamarla y decirle que también se moría por verla.

Sin embargo, ya no le pareció tan buena idea lo de verse tan pronto, podría o desdecirse para hacerla sufrir otra vez cuando la “razón” (o locura) volviera a Él o volver a desilusionarla porque el fin de la cita no sería una reconciliación. No podía hacerla pasar otra vez por esa situación.

Sigue leyendo

Desazón

desazon

Un tono, dos tonos,… ¿Por qué no reaccionaba? Llevaba tiempo deseando hablar con él y ahí estaba, estática, sintiendo el aire frío en su rostro y un calor inmenso surgiendo de su interior.

El sonido cesó, ¿qué había hecho? El pulso le temblaba, necesitaba sentarse de nuevo. Todo este tiempo pensando en Él y ahora era incapaz de aceptar su llamada. Se sentía desorientada, ¿qué estaría pensando Él? Con suerte, que estaría ocupada para no descolgar pero… ¿y si pensaba que lo había hecho para despreciarlo? Era una tonta, debía llamarle. Marcar, respirar profundo y oír su voz de nuevo, su motivo y si quería que se vieran tanto como lo deseaba Ella.

Sigue leyendo

Ecos

soledadblog

Un tono, dos tonos,…, comunicando. La señal que necesitaba para saber que Ella había pasado página, siempre corría a contestarle. ¿Y si lo intentaba de nuevo? Demasiados nervios, ¿qué iba a preguntarle? Que estuviera mal sería lo lógico y Él era el culpable, pero ¿y si le dijera que estaba bien y había pasado página? Ese sería un gran golpe para su Ego.

Mejor dejarse de tanta incertidumbre e intento de tentativa, la iría a buscar y hablarían cara a cara. No. Esperaría, sabía que tarde o temprano Ella tendría que aparecer en Su Lugar, ese al que Él iba siempre que podía con la esperanza de verla, aunque fuera, desde lejos.

Sigue leyendo