Paseo otoñal

Estaba a oscuras, no podía ver nada. Alrededor de su cabeza, tapando sus ojos, había algo áspero y rugoso. Se sintió más nerviosa aún cuando comenzó a notar como si estuviera en el vacío, sujeta en él con lo mismo que le tapaba los ojos. ¿Parecían raíces?  ¿Lo eran? Con una de sus manos, libre pero con poco movimiento, palpó la que pasaba por debajo de su pecho, le recorría y presionaba, cortándole la respiración. Sí, eran raíces que la acunaban… se agitó con todas sus fuerzas pero fue en vano. Por si fuera poco, su nerviosismo aumentó al notar como si unas ascuas prendidas se acercaran a sus tobillos, sus rodillas, sus caderas,… Sus piernas corrían el riesgo de arder y su pecho parecía estar en llamas.

“Burning roots” de Frank Diamond

No podía ver, sólo sentir y esas sensaciones no le gustaban. Ese excesivo calor, comprendió, procedía de su propio infierno, ese mismo que sufría cada día… El Dolor se había colado en su sueño y no había manera de escapar. Intentaba gritar, nada salía de su boca. Un infierno, como bien decía.

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Límites ¿tendiendo a infinito?

¿Qué son los límites? ¿En qué pensamos? Algunos pensarán en límites de propiedad, sociales, del ecosistema, del planeta… posiblemente, en funciones matemáticas… Pero, ¿os habéis parado a pensar en los límites del cuerpo y, especialmente, en los límites físicos? Creo que nadie está preparado para ellos, que cuesta un trabajo tremendo hacerse a ellos. Bueno, más bien en aprender a convivir con ellos. No hace falta que estés limitado en una silla de ruedas o una cama de hospital tras un accidente,… Puedes tener límites en un cuerpo aparentemente sano, con movilidad y flexibilidad, sin que salga nada en una prueba médica, por ejemplo y que, después, la realidad sea otra. Que te encuentres atado a esa cama o a una distancia, unas horas, o a una simple actividad,… y no sepas cómo enfrentarlo o asumirlo. ¿Se puede estar más atrapado que en un cuerpo limitado físicamente? Este relato se va a centrar en el límite físico dominado por el Dolor.

Foto de Carlos Quezada (@carlosquezadaphotographer)

Puede pasar desde siempre o aparecer progresivamente. Incluso, sin más, creyendo que has tenido una lesión. Sin entender porque salen las analíticas y pruebas de imagen perfectas, sin ninguna fractura o luxación, que todo especialista al que se visite diga que no hay nada para impedir seguir con una vida normal. Sin embargo, no es verdad y por más que se intenta, es imposible. Y ¡ay de quien supere sus límites alguna vez! Pues sabe que lo va a pagar, que al día siguiente le dolerá todo, que terminará en esa cama o sofá que tanto odia; y estará dos días o tres o una semana sin ser él mismo, sin que su cuerpo responda. No hay plazos, no. No los hay cuando se trata de estos límites. Y eso bien lo sabe sólo el que lleva años intentando  ir un poquito más allá, recuperar su día a día, su fuerza, volver a “su vida”. 

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Charlatanes, me tenéis hartísima

enfadado

Comienzo a estar muy harta de esta moda o tendencia “New Age” (por no decir algo peor) de decir que las enfermedades son fruto de batallas internas, miedos, herencia de un familiar con el mismo nombre, depresión, insatisfacción, etc.

Más allá del complejo mecanismo o, siguiendo su lenguaje, Karma Cósmico que desencadene nuestra enfermedad. La única forma de luchar contra ella es la MEDICINA y eso si hay posibilidad de diagnóstico o la existencia de los medicamentos y técnicas adecuadas para ello.

Cierto que una buena alimentación y unos buenos hábitos son recomendables estemos o no enfermos, y que tener momentos de distensión, diversión u optimismo, ayudan a llevarlo. Pero AYUDA. Muy distinto de CURA.

Basta de hacer que un enfermo se sienta lo peor si tiene un día de rabia, bajón, de no salir de su cama. Si tú tuvieras una dolencia que te impide seguir con tu vida normal también tendrías esos DÍAS DE MIERDA. Si ya tienes derecho a tus días de mierda estando sano ¿Cómo no vas a tenerlo estando mal? No podemos exigirles estar siempre con el ánimo arriba porque TÚ Tampoco lo estás.

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Sueño letal

Ha vuelto a pasarme, después de más de 10 años. Esta mañana no me lo creía. Aunque, al menos, no ha sido una de esas ocasiones en las que la escena se repite una y otra vez, sin que se modifique nada del guión.

De un tiempo a esta parte, cuando sueño algo que no me gusta, me meto en el sueño he intento cambiarlo. El sueño comienza otra vez y sé lo que va a pasar pero ¡nunca consigo variarlo! Y, como digo, por suerte esta noche no ha sido así. ¿Por qué? Porque dolía y morir no es una sensación agradable. Exacto, morir.

Hace 10 años, me desperté de golpe cuando mi vida acabó. Estuve todo el día con un mal cuerpo impresionante, recuerdo comentárselo a amigos y que ellos me dijeran que no volviera a contárselo, porque se quedaban helados.

Aquella noche era una japonesa del siglo XV. Recuerdo que tenía tres hermanas, siendo yo la mayor. Al poco de amanecer, llegó una comisión imperial diciendo que mi familia había perdido el honor y condenaban a mi padre a quedarse sin una de sus hijas. No podía sufrir peor castigo. Y claro, como hermana mayor y leal a su familia, me ofrecía. La sentencia era morir decapitada.

Sentí mi cuello estirado, la presión de la piedra en mi garganta pero una gran tranquilidad. Lo siguiente fue notar un dolor intenso en la nuca y, tras unos segundos, todo se volvió negro. No había nada más, ni dolor, ni sensaciones, nada. Y desperté.

Hoy era una chica normal a la que llevaban al límite y tenía que luchar contra algunas personas. Contra gente que se sentía ofendida porque yo defendiera ciertos principios (que no se especificaban). Sólo reaccionaba, como en las películas de acción. Después de una trifulca, mi oponente me dice “ten cuidado, el próximo día podrías perder lo más importante”. Según me giraba pronuncié “los míos” y, al terminar el giro, sentí una punzada en la parte izquierda de la espalda, una puñalada directa al corazón. Sólo me dio tiempo a pensar “mi vida” y todo volvió a apagarse, no había dolor, no había nada.

Aún se me pone la piel de gallina con el escalofrío. ¿Por qué ahora? Por suerte, sólo es onírico y tengo alma de gato… me quedan 5 vidas.

No te sueñes esta noche 😉

Frustración

frustración

No se me ocurre una palabra mejor para expresar lo que siento desde hace unas semanas. Una absoluta frustración que se que debo quitarme de encima a la de ya.

Normalmente, el escribir es el mecanismo que mejor me va para ello. Vuelcas todo lo que se te pasa por la cabeza a golpe de tecla o trazo de bolígrafo y todo se relativiza. No obstante, llevo unas semanas en las que ni pasarme por aquí me apetece. Digo que de ánimo estoy bien pero no es verdad, si estuviera bien de ánimo, a pesar de los dolores, estaría por aquí y por Cuentos; pero no lo estoy.

Hace unos meses, un mes después de escribir ésto, logré (no sin muchas peleas y mucha decepción con la mutua -me negaban que tuvieran “unidad del dolor” y, por tanto, el tratamiento que uno de sus doctores me había prescrito-) que me bloquearan la sacroilíaca y, tras 3 días de no aguantar por la presión del anestésico en ella, noté que los dolores localizados allí desaparecían. Seguí con mis contracturas musculares, mis dolores en piernas, caja torácica e, incluso, falanges; pero conseguía estar sentada y aguantar a caminar. Logré no caer rendida con la fatiga que me acosa y aproveché para recopilar información para futuros posts por Cuentos, así como relajarme y osar plantearme el hacer algo más que “estar condenada a mi sofá”.

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