Charlatanes, me tenéis hartísima

enfadado

Comienzo a estar muy harta de esta moda o tendencia “New Age” (por no decir algo peor) de decir que las enfermedades son fruto de batallas internas, miedos, herencia de un familiar con el mismo nombre, depresión, insatisfacción, etc.

Más allá del complejo mecanismo o, siguiendo su lenguaje, Karma Cósmico que desencadene nuestra enfermedad. La única forma de luchar contra ella es la MEDICINA y eso si hay posibilidad de diagnóstico o la existencia de los medicamentos y técnicas adecuadas para ello.

Cierto que una buena alimentación y unos buenos hábitos son recomendables estemos o no enfermos, y que tener momentos de distensión, diversión u optimismo, ayudan a llevarlo. Pero AYUDA. Muy distinto de CURA.

Basta de hacer que un enfermo se sienta lo peor si tiene un día de rabia, bajón, de no salir de su cama. Si tú tuvieras una dolencia que te impide seguir con tu vida normal también tendrías esos DÍAS DE MIERDA. Si ya tienes derecho a tus días de mierda estando sano ¿Cómo no vas a tenerlo estando mal? No podemos exigirles estar siempre con el ánimo arriba porque TÚ Tampoco lo estás.

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Sueño letal

Ha vuelto a pasarme, después de más de 10 años. Esta mañana no me lo creía. Aunque, al menos, no ha sido una de esas ocasiones en las que la escena se repite una y otra vez, sin que se modifique nada del guión.

De un tiempo a esta parte, cuando sueño algo que no me gusta, me meto en el sueño he intento cambiarlo. El sueño comienza otra vez y sé lo que va a pasar pero ¡nunca consigo variarlo! Y, como digo, por suerte esta noche no ha sido así. ¿Por qué? Porque dolía y morir no es una sensación agradable. Exacto, morir.

Hace 10 años, me desperté de golpe cuando mi vida acabó. Estuve todo el día con un mal cuerpo impresionante, recuerdo comentárselo a amigos y que ellos me dijeran que no volviera a contárselo, porque se quedaban helados.

Aquella noche era una japonesa del siglo XV. Recuerdo que tenía tres hermanas, siendo yo la mayor. Al poco de amanecer, llegó una comisión imperial diciendo que mi familia había perdido el honor y condenaban a mi padre a quedarse sin una de sus hijas. No podía sufrir peor castigo. Y claro, como hermana mayor y leal a su familia, me ofrecía. La sentencia era morir decapitada.

Sentí mi cuello estirado, la presión de la piedra en mi garganta pero una gran tranquilidad. Lo siguiente fue notar un dolor intenso en la nuca y, tras unos segundos, todo se volvió negro. No había nada más, ni dolor, ni sensaciones, nada. Y desperté.

Hoy era una chica normal a la que llevaban al límite y tenía que luchar contra algunas personas. Contra gente que se sentía ofendida porque yo defendiera ciertos principios (que no se especificaban). Sólo reaccionaba, como en las películas de acción. Después de una trifulca, mi oponente me dice “ten cuidado, el próximo día podrías perder lo más importante”. Según me giraba pronuncié “los míos” y, al terminar el giro, sentí una punzada en la parte izquierda de la espalda, una puñalada directa al corazón. Sólo me dio tiempo a pensar “mi vida” y todo volvió a apagarse, no había dolor, no había nada.

Aún se me pone la piel de gallina con el escalofrío. ¿Por qué ahora? Por suerte, sólo es onírico y tengo alma de gato… me quedan 5 vidas.

No te sueñes esta noche 😉

Frustración

frustración

No se me ocurre una palabra mejor para expresar lo que siento desde hace unas semanas. Una absoluta frustración que se que debo quitarme de encima a la de ya.

Normalmente, el escribir es el mecanismo que mejor me va para ello. Vuelcas todo lo que se te pasa por la cabeza a golpe de tecla o trazo de bolígrafo y todo se relativiza. No obstante, llevo unas semanas en las que ni pasarme por aquí me apetece. Digo que de ánimo estoy bien pero no es verdad, si estuviera bien de ánimo, a pesar de los dolores, estaría por aquí y por Cuentos; pero no lo estoy.

Hace unos meses, un mes después de escribir ésto, logré (no sin muchas peleas y mucha decepción con la mutua -me negaban que tuvieran “unidad del dolor” y, por tanto, el tratamiento que uno de sus doctores me había prescrito-) que me bloquearan la sacroilíaca y, tras 3 días de no aguantar por la presión del anestésico en ella, noté que los dolores localizados allí desaparecían. Seguí con mis contracturas musculares, mis dolores en piernas, caja torácica e, incluso, falanges; pero conseguía estar sentada y aguantar a caminar. Logré no caer rendida con la fatiga que me acosa y aproveché para recopilar información para futuros posts por Cuentos, así como relajarme y osar plantearme el hacer algo más que “estar condenada a mi sofá”.

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Mi historia

Mi historia comenzó el día después de Reyes del 2011, hice un mal giro en un escalón y empezó a dolerme la rodilla. Tengo una vieja lesión en ella y aguanto el dolor, por lo que no le di demasiada importancia. Sin embargo, a los pocos días no se iba y decidí ir a mi médico deportivo de confianza. No había inflamación (nunca se me inflama nada, aunque tenga esguinces) pero había sufrido un traumatismo muy importante hacía unos años y mi médico me pidió una resonancia.

La unión entre la tibia y el peroné no era nada estable y me dijo de poner un clavo para fijarme el peroné. Eso me asustó y decidí pedir una segunda opinión. El traumatólogo que me atendió me dijo que había una pequeña subluxación pero que estaba curada y sólo haría falta fortalecer la musculatura de los cuadriceps. Así que inicié la rehabilitación. El primer día me subieron a una plataforma pivotante en la que tenía que mantener el equilibrio con mi pierna herida… El dolor pasó de ser localizado en la rodilla a subir hasta medio muslo y, al cabo de diez días, el dolor era de glúteo y lacerante. Sigue leyendo

Un adiós

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No quiero pensarlo mucho pero ya no estás, no como antes. Y no sé si sentirme bien o culpable.

Me había acostumbrado a ti, a tu dolor, a MI dolor. Si no aparecías en mis días, en mi mente… mi mundo no estaba completo, no sin ese regusto a sufrimiento.

Cárcel elegida para no vivir, para no enfrentarme a la vida.
¡Iluso, pobre iluso! Cuánto tiempo perdido, cuantas vivencias que no lo fueron.

Pero ahora, ahora no te percibo, no noto tu recuerdo presionándome en el pecho.

Volví la cara a la alegría, a la vida, a MI vida.

Por fin, por fin me solté de tu mano para volar feliz.