No sólo un sueño

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Volvió a soñar con Ella, a sentir en sueños las mismas sensaciones como si estuviese despierto. Sólo paseaban y Él le decía “sé que no has venido para quedarte, que te marcharás aún sabiendo lo que me haces sentir”. Ni esperaba respuesta, ni la tendría, Ella sólo le miraba unas décimas de segundo para seguir mirando al frente. “Sé que sientes lo mismo y aún así volverás a marcharte. Te tendré sin tenerte nunca, igual que tú me tendrás por siempre”. Media sonrisa se abrió paso en el rosto de Ella para desaparecer.

Volvía a estar solo, pero esa sensación vívida sentida a su lado permanecía. Ella le había enseñado a reconocer el verdadero amor, el puro, el que no corta las alas, el que respeta la libertad del otro y el que sigue presente aún cuando ese amor no puede con las circunstancias.

Ella, una vez, le dijo que encontraría a alguien con quién sería tan feliz como lo fueron los dos, el Destino no permitiría que alguien tan noble y especial se quedase solo, sumido en un Recuerdo. Ese amor se reencarnaría, lo reconocería y llenaría el resto de su Vida. Él sólo quería que tuviese razón, aunque tuviese otro aspecto… el amor que le inspiraría esa nueva alma sería el mismo.

Despertó y no se sintió solo a pesar de su piso vacío, siempre quedarían sus sueños y la promesa de su reencuentro.

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Tras la lluvia

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Recuerda, detrás de la tormenta siempre vuelve a salir el Sol”. No duda que sea verdad, de hecho, sabe que es verdad pero ve al Sol muy lejano. Se había marchado al verla. Había sido un impulso idiota haber vuelto allí, dónde sabía que podría encontrarse con Él. Ahora, tenía que enfrentarse a la dura realidad, se había acabado todo.

No se veía capaz de hacer su vida y poder encontrárselo en cualquier calle, al tomar cualquier esquina. No se veía capaz de volver a sus sitios: sus cafeterías, sus parques,… Necesitaba poner tierra de por medio. “¿Qué me retiene aquí?” Podía pedir un traslado en el trabajo, tenía algún ahorro para volver a matricularse en aquella carrera que dejó en ‘stand by’. Aquella no era su ciudad, estaba sola.

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Carta

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Se había despertado con muy buenas sensaciones y ahora estaba disfrutando de la ducha matinal. Le habían dejado levantar para eso y, por tanto, el diagnóstico del médico iba a ser favorable.

Ya aseado y fresco, tumbado sobre su camilla pensó en su querido hijo y lo triste que estaba. Más bien, tenía tristeza pero también sentía la culpa de una decisión tomada. Recordó la cara de su hijo esa misma noche, los ojos se le pusieron acuosos cuando le dijo que no se condenase.

“Y yo en esta habitación…” tenía que ver a su muchachita, a ese ser tan dulce y alegre que llevaba tiempo en su familia. Todos estaban como locos con ella y su hijo también, por eso no entendía la situación actual, qué había cambiado.

“Bueno, Sebastián -dijo el doctor al entrar- he visto las analíticas y gráficas, los puntos van bien, estás respondiendo y esta mañana te has levantado sin problemas, por tanto eres libre de moverte por la habitación y los pasillos. Eso sí, sin cansarte y coger frío. Si te sientes mal, a la cama y avisas a enfermería”.

Bien, no estaría otro día atado y sin saber cómo ponerse. Si cierto es que había estado unas jornadas tan enfermo que ni se daba cuenta de dónde estaba y el cuerpo no le dolía del colchón. “Si no paro es que estoy mejorando mucho”. Lo primero que hizo fue ir hacia la cristalera. Había una vista preciosa y a él lo habían tenido alejado de eso por una gruesa cortina. Fue a sentarse en el sillón convertible cuando divisó un montón de papeles rotos y arrugados debajo de un banco. Sería alguna tontería de su guardés nocturno, pues su hijo siempre llevaba encima algo para escribir. Se agachó y recogió el montón.

Incorporándose con gran dolor, se dejó caer en el sillón y empezó a juntar las piezas. “Necesito decirte tantas cosas…” eso mostraban los tres primeros trozos. “Es una carta para Ella, anoche debió volcar todo lo que siente…” Piensa que con esa carta se podía arreglar todo, ¿qué hacía rota?. Necesitaba saber realmente que había pasado entre esos dos y si la carta podría jugar un papel importante.

Siente la puerta, oye los pasos inconfundibles de su mujer. Esconde lo que queda de carta en el bolsillo de su bata y sonríe algo forzado. “¿Qué estás tramando, Sebas? tu gesto te delata”. ¿Se lo cuenta? No, aún no. Como si de un niño se tratara le dice que es un secreto pero que si le trae celofán, unos sobres y algún folio se lo contará. Su plan está en marcha…

Lluvia

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El tiempo perdió su importancia y el resto del mundo desapareció a su alrededor. Sentada, de nuevo, había roto a llorar. La sensación de no ser nada importante para Él le oprimía el pecho. Volvía a no entender nada; ni sus actos ni sus sentimientos eran coherentes con quién dijo que aún la quería y le provocaba una zozobra inmensa. ¿Cómo pasar de ser lo más importante a convertirse en la última persona en su lista de prioridades? ¿Cómo alguien que dice querernos prefiere la distancia? No le encontraba sentido y, además, Él acababa de despreciarla.

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De vuelta

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No se acostumbraba a su nueva casa de alquiler, carecía de personalidad y de vida como ella. Era tan reducida que sus cremas, maquillajes, etc. parecían ocupar todo el cuarto de baño, pero seguía faltándole esa mitad por la que pelear con Él. Su armario ahora estaba lleno  y tenía cajones para todo lo habido y por haber. Pero echaba de menos las protestas de Él por la invasión sufrida. Iba a tardar en superarlo más de lo que pensaba.

Parecía empeñado en no reaparecer en su vida, en ni intentar un acercamiento; así que decidió ser ella. Tras ponerse el abrigo rojo que le regaló, sin apenas ser consciente del camino tomado, apareció en Su Lugar con la esperanza de verle. Sigue leyendo