Charlatanes, me tenéis hartísima

enfadado

Comienzo a estar muy harta de esta moda o tendencia “New Age” (por no decir algo peor) de decir que las enfermedades son fruto de batallas internas, miedos, herencia de un familiar con el mismo nombre, depresión, insatisfacción, etc.

Más allá del complejo mecanismo o, siguiendo su lenguaje, Karma Cósmico que desencadene nuestra enfermedad. La única forma de luchar contra ella es la MEDICINA y eso si hay posibilidad de diagnóstico o la existencia de los medicamentos y técnicas adecuadas para ello.

Cierto que una buena alimentación y unos buenos hábitos son recomendables estemos o no enfermos, y que tener momentos de distensión, diversión u optimismo, ayudan a llevarlo. Pero AYUDA. Muy distinto de CURA.

Basta de hacer que un enfermo se sienta lo peor si tiene un día de rabia, bajón, de no salir de su cama. Si tú tuvieras una dolencia que te impide seguir con tu vida normal también tendrías esos DÍAS DE MIERDA. Si ya tienes derecho a tus días de mierda estando sano ¿Cómo no vas a tenerlo estando mal? No podemos exigirles estar siempre con el ánimo arriba porque TÚ Tampoco lo estás.

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Frustración

frustración

No se me ocurre una palabra mejor para expresar lo que siento desde hace unas semanas. Una absoluta frustración que se que debo quitarme de encima a la de ya.

Normalmente, el escribir es el mecanismo que mejor me va para ello. Vuelcas todo lo que se te pasa por la cabeza a golpe de tecla o trazo de bolígrafo y todo se relativiza. No obstante, llevo unas semanas en las que ni pasarme por aquí me apetece. Digo que de ánimo estoy bien pero no es verdad, si estuviera bien de ánimo, a pesar de los dolores, estaría por aquí y por Cuentos; pero no lo estoy.

Hace unos meses, un mes después de escribir ésto, logré (no sin muchas peleas y mucha decepción con la mutua -me negaban que tuvieran “unidad del dolor” y, por tanto, el tratamiento que uno de sus doctores me había prescrito-) que me bloquearan la sacroilíaca y, tras 3 días de no aguantar por la presión del anestésico en ella, noté que los dolores localizados allí desaparecían. Seguí con mis contracturas musculares, mis dolores en piernas, caja torácica e, incluso, falanges; pero conseguía estar sentada y aguantar a caminar. Logré no caer rendida con la fatiga que me acosa y aproveché para recopilar información para futuros posts por Cuentos, así como relajarme y osar plantearme el hacer algo más que “estar condenada a mi sofá”.

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Recordatorio

dolor

Ayer fue el día contra el Dolor e, irónicamente, fue el día en el que mi Dolor volvió. No os voy a engañar, lleva dos semanas dando señales: un día me duele la zona del peroné, otro día los dedos de los pies, otro día no podía rozarme nada en la rodilla, otro día noté que mi paseo era más corto,…, hasta ayer.

Ayer, como cada día, me levanté y salí por el barrio: parada en cafetería habitual y regreso. Hice un recorrido que desde hace unos meses (conseguí que me anestesiaran la zona sacra y el nivel de dolor de esa articulación disminuyó, aunque los dolores musculares y las contracturas han seguido) no me supone un gran desgaste, puesto que he estado saliendo a caminar por el campo y he llegado a aguantar 5 km. sin que, al día siguiente, tuviera que estar en reposo total. Comparando las dos situaciones, sale de ojo que debería llegar a casa fresca cual rosa o lechuga.

Pues, sorpresa. En cuanto paré en el ascensor, mi piernas dijeron que ellas no aguantaban mi peso y el cansancio tomó el control. Ojos pesados, sensación de mucho peso de rodillas para abajo y falta de aliento. Directa al sofá, a descansar se había dicho. Sin embargo, tuve visita (ni recuerdo lo que hablé con ella) y, luego, debía hacer la comida. Y eso es todo un reto, cuando la cocina, que está a 5 metros, parece estar a 50 km. de ti. Por fortuna, llamó mi padre para avisar que llegaría tarde y pude descansar. La comida la haría media hora después, sentándome en un taburete y arrimando mi espalda a la encimera, luchando contra las ganas de caer en brazos de Morfeo otra vez. Es una pesadilla que algo tan simple y cotidiano te suponga un reto como la subida al K2.

Llegó la hora de descansar y ¿qué pasó? Pues que mis piernas y pies quisieron poner de manifiesto que no están bien y empezaron con un hormigueo doloroso insoportable. Recurrí a los parches de lidocaina que tengo por casa, metiditos en una caja porque no me quitan los dolores sacros y lumbares. La analgesia cuando hay este tipo de respuesta, a nivel cerebral, es ineficaz. Me parcheé los pies y sí, el nivel de dolor bajó un poco, pero Morfeo no se contentó y me abandonó, haciendo que mi cansancio siguiera en el tiempo. Estuve toda la tarde, enterita, en el sofá, sin moverme, las pastillas y lo que necesitase me lo traía mi padre y, aún así, ¡no descansé!.

La hora de hacer la cena se acercaba, mi padre fue a recoger a mi madre al trabajo y yo me encaminé a la cocina para que encontrase la cena caliente. Tuve que recurrir al taburete otra vez, eso o me sentaba en el suelo; por suerte, al haber sido tan lenta, mis padres llegaron cuando yo no podía más y me mandaron al sofá, en lo que ellos terminaban lo que yo había comenzado.

Podría deciros que me sentí inútil y frustrada pero, en ese momento, ni esos pensamientos podían pasar por mi mente. Sólo unas horas después, cuando me quedé sola, volví a sentir impotencia. Después de 4 meses en los que he estado más o menos activa, en los que el dolor ha estado presente pero a menor escala,…, el que me de semejante repaso, me desbordó. ¿Y qué hay que hacer cuándo te desborda? Pues respirar hondo y lento, rítmicamente, volcar todos tus pensamientos en un papel o tu muro de Facebook y permitirte unas pocas lágrimas (si la presa ya no aguanta más) para soltar presión. Aunque lo más recomendable, para mí, es tomarme el inductor del sueño pronto (si no hay pastilla para dormir, el dolor no me deja que duerma) e irme a la cama, acabando antes con mi “día”.

Hoy me he despertado con dolor, nuevamente, pies, rodillas, lumbares, costillas,…, y las manos me tiemblan. El cansancio no es tanto como ayer e intentaré estar ocupada, sobre todo mentalmente, para no pensar en ellos. El dolor sigue pero si desconectas no te vence psicológicamente, por eso es bueno buscarse distracciones: escribir, leer, hacer ganchillo, punto de cruz, escuchar música y perderte en las letras,… todo cuanto no te suponga gran gasto energético ni eleve tu dolor. Me gustaría pasar un sábado normal, sin que el dolor me marcase las pautas y lo voy a intentar, aunque sólo sea por el gusto de que Él no gane la partida. Ésto de tener los neuroreceptores majaretas, interpretando las señales como quieren, es un verdadero fastidio.

Pasad buen día y haced cosas divertidas por mí…