Belleza matinal

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Despertó con un ligero hormigueo en el brazo y sonrió al pensar que bien valía por tener la cabeza de ella tan cerca de él. Vio que su lado estaba vacío y una sensación de tristeza le invadió, pero sus ropas, sus zapatos,…, todo estaba desperdigado por la habitación. ¿Dónde estaría?

Comprobó que faltaba su jersey azul, el mismo que no le había dejado cuando Ella replicó que le haría frío por el pasillo con su fina camisa. No pretendió ser descortés, ¡cómo le gustaba esa camisa en ella! Sus botones traicioneros y… no se le ocurría otra prenda con la que estuviera tan seductora como aquella noche. Percibió sonidos al fondo del pasillo y encaminó hacia allí sus pasos, sigiloso se asomó a la cocina.

¿Qué le pasaba? Tenía la mente en blanco, paralizado ante la imagen que tenía delante. Unos pies pequeños y descalzos, unas piernas bien torneadas… y una melena ondulada y despeinada que caía sobre su grácil figura cubierta con el jersey azul. Daría todo por parar el tiempo en ese instante o, como mucho, unos segundos después, cuando Ella se volviera y le mirara con esos preciosos ojos negros…

De repente, los aplausos resonaron en el salón y se encendieron las luces. Allí estaba Ella, tan profesional, tan hermosa,… tan lejos en el escenario como lejana en el tiempo esa aún nítida imagen suya…

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Pilares no maestros

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Hace un tiempo creía que necesitaba ciertos pilares en mi vida, alguno de los cuales consideraba esencial y primordial. Adjudiqué el título de muro de carga a uno que no lo era y lo he descubierto porque, al derribarlo, mi estructura, mi esencia y la seguridad en mis cimientos no se han resentido.

Es curioso como nos aferramos a lo que creemos esencial, necesario, sea un estilo de vida, una rutina o una persona. Tenemos un miedo atroz a no ser nosotros mismos sin ello, sin esa seguridad aparente. Y, sinceramente, vivir con el miedo a perder algo, o a no ser completo por su falta , no tiene cuenta. Sigue leyendo

De bloqueos: 80´s, ciencia y yo

puzzle

Bloqueada, pero no falta por ideas… Tengo la sensación de tener tanto que expresar que no me sale. Es como si todo se quedase atascado porque las ideas se agolpan y no son capaces de organizarse y, claro, una se desespera.

No obstante, prefiero que sea así y esperar a que ellas se aclaren a no tener nada qué aportar, nada sobre lo que dar mi pequeño grano de arena o mi dispensable opinión. Es cuestión de tiempo y calma. Por suerte, no se me cumple ningún plazo como en el instituto o la facultad ante una redacción o un informe (¿quién no ha llegado a “conclusiones” y ha visto que no tenía ninguna?), ni un plazo impuesto por la agenda laboral. Eso quita una parte de presión que, contradictoriamente, muchas veces es necesario para que salga todo y redondo.

Cuando hace algo más de un año escribía para la desaparecida Generación80, recuerdo que teníamos una lista inmensa de temas que tocar y bastaba con que quisiera hacer una en concreto, con ilusión, y haber recopilado información, para que nada cuadrase como quería y la entrada tardase más días de los que esperaba. Ni cambiando a otra, ni dándole todas las vueltas posibles. A fuerza de no cumplir con mis plazos, aprendí a relajarme un poco y olvidarme de la entrada hasta que aparecía en mi cabeza cómo quería montarla.

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Un adiós

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No quiero pensarlo mucho pero ya no estás, no como antes. Y no sé si sentirme bien o culpable.

Me había acostumbrado a ti, a tu dolor, a MI dolor. Si no aparecías en mis días, en mi mente… mi mundo no estaba completo, no sin ese regusto a sufrimiento.

Cárcel elegida para no vivir, para no enfrentarme a la vida.
¡Iluso, pobre iluso! Cuánto tiempo perdido, cuantas vivencias que no lo fueron.

Pero ahora, ahora no te percibo, no noto tu recuerdo presionándome en el pecho.

Volví la cara a la alegría, a la vida, a MI vida.

Por fin, por fin me solté de tu mano para volar feliz.

Sueños

Soho

(Foto de Mary Helen Bowers @balletbeautiful)

¿Cuándo fue la última vez que cerró sus ojos y levantó su cara para sentir el sol? ¿Cuándo fue la última vez que su calor la arropó y le infundió seguridad? Hacía mucho que no sentía esa calidez, ese instante de dejar la mente en blanco y sonreír. Hacía mucho que sus sueños estaban en oscuridad, en un rincón oscuro de su mente, dentro de un baúl imaginario cubierto de polvo.

Llevaba años en los que no vivía, sobrevivía. Es muy distinto porque sobrevives por inercia, como si no tuvieses nada que te motivara para saltar de la cama. Había caído en esa desidia, en ese creerse atrapada en la normalidad y ni se le pasaba por la mente el cambiar, no pensaba. Sólo sobrevivía, nada más.

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