Frustración

frustración

No se me ocurre una palabra mejor para expresar lo que siento desde hace unas semanas. Una absoluta frustración que se que debo quitarme de encima a la de ya.

Normalmente, el escribir es el mecanismo que mejor me va para ello. Vuelcas todo lo que se te pasa por la cabeza a golpe de tecla o trazo de bolígrafo y todo se relativiza. No obstante, llevo unas semanas en las que ni pasarme por aquí me apetece. Digo que de ánimo estoy bien pero no es verdad, si estuviera bien de ánimo, a pesar de los dolores, estaría por aquí y por Cuentos; pero no lo estoy.

Hace unos meses, un mes después de escribir ésto, logré (no sin muchas peleas y mucha decepción con la mutua -me negaban que tuvieran “unidad del dolor” y, por tanto, el tratamiento que uno de sus doctores me había prescrito-) que me bloquearan la sacroilíaca y, tras 3 días de no aguantar por la presión del anestésico en ella, noté que los dolores localizados allí desaparecían. Seguí con mis contracturas musculares, mis dolores en piernas, caja torácica e, incluso, falanges; pero conseguía estar sentada y aguantar a caminar. Logré no caer rendida con la fatiga que me acosa y aproveché para recopilar información para futuros posts por Cuentos, así como relajarme y osar plantearme el hacer algo más que “estar condenada a mi sofá”.

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Mi historia

Mi historia comenzó el día después de Reyes del 2011, hice un mal giro en un escalón y empezó a dolerme la rodilla. Tengo una vieja lesión en ella y aguanto el dolor, por lo que no le di demasiada importancia. Sin embargo, a los pocos días no se iba y decidí ir a mi médico deportivo de confianza. No había inflamación (nunca se me inflama nada, aunque tenga esguinces) pero había sufrido un traumatismo muy importante hacía unos años y mi médico me pidió una resonancia.

La unión entre la tibia y el peroné no era nada estable y me dijo de poner un clavo para fijarme el peroné. Eso me asustó y decidí pedir una segunda opinión. El traumatólogo que me atendió me dijo que había una pequeña subluxación pero que estaba curada y sólo haría falta fortalecer la musculatura de los cuadriceps. Así que inicié la rehabilitación. El primer día me subieron a una plataforma pivotante en la que tenía que mantener el equilibrio con mi pierna herida… El dolor pasó de ser localizado en la rodilla a subir hasta medio muslo y, al cabo de diez días, el dolor era de glúteo y lacerante. Sigue leyendo

De corazón (personal)

¿Por qué nos aferramos a lo que  nos hace daño? ¿Por qué somos tan autodestructivos? ¿Por qué teñimos nuestra realidad con tonos grises cuando estamos rodeados de color?

Ya escribí hace tiempo sobre los “débiles cotidianos” y esta entrada está muy relacionada. Estoy empezando a cansarme de ver cómo un día tras otro, hora tras hora, alguien de mi alrededor tiene una mirada triste y no es capaz de valorar lo que tiene. Me dan ganas de gritarles, de zarandearles para hacerlos reaccionar. El ser humano acepta la crítica destructiva a la primera y sólo una es capaz de acabar con miles de críticas constructivas. Es nuestra naturaleza pero no nos tiene que marcar el día a día, podemos hacer cambios y tener una visión más positiva de todo.

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Sin paciencia

“No te soporto”, “Déjame en paz de una vez”. “No puedo pensar, no puedo soñar, no puedo dormir sin que estés presente y es una pesadilla”. “Sí, te lo digo a ti, dolor”.

Hace dos meses, comenzó a no conformarse con la mitad de mi cuerpo y me ha cogido entera. Me duelen las costillas, el esternón, los hombros, los brazos,…, hasta los dedos de las manos. Había conseguido aguantar sentada casi tres horas, sin que los pinchazos del ciático me hicieran saltar como un resorte ¿y ahora?. Ahora, hay días que el dolor se pone farruco y no puedo estar sentada, la opresión en el pecho es tremenda y no se pasa con ningún analgésico.

Esta noche volví a soñar en dolor, llevaba un tiempo sin hacerlo, pero esta noche se conjuró y ni me pude refugiar en el sueño. Dentro de mi propio escenario, tenía que reconfigurarlo y decirme que yo debía verlo como una espectadora, no formar parte de él. Si interactúo en el sueño, mis piernas se vuelven de goma y, en lo que los demás dan 10 pasos, yo consigo dar uno. Siento el cansancio, la falta de respiración, el dolor que me hace sentar en el suelo y cambiar la imagen como si estuviese en Matrix. Hoy, además, temblaba, en el sueño y fuera, un sudor frío me envolvía y me mantenía en duermevela. Sin saber distinguir el sueño de la realidad.

Al despertar, estaba más exhausta que los días que consigo ir al gimnasio o aguantar una jornada en algún curso o tomando un café con alguno de mis amigos. Esto, a ratos, se hace insoportable y hoy estoy al límite. Aún así, hay que poner buena cara y soportar que alguno te diga “qué dolores tengo hoy, no lo sabes bien”. Ya paso de enfadarme, tienes derecho a decirme que te duele algo pero no me digas que no lo sé porque llevo más de tres años con él presente en mi día a día. Nunca se va, si acaso se amortigua algo o yo saco fuerzas de donde no sé, pero nunca se va.

Hay días como hoy en los que todo parece gris, en los que te pones en supuestos, en los que nada te llena,…, y no me gustan nada. Sé que no lo soy pero me siento inútil, estropeada, no hay hobbies ni posts por redactar que hagan que aguante. Todo se queda en stand by y me siento mal.

Hace poco hablé con una chica que está pasando por algo mucho peor que lo mío. Tengo un borrador que mandarles para que lo den de paso y publicarlo por aquí, es cosa seria. Su pareja me dijo que lo de los sueños es común en las dos, sólo que a ella le pasaba en las manos. Al menos, dando con gente que pasa por casos similares, encuentras un apoyo y una comprensión que los demás no pueden darte.

En fin, que es lo de siempre y compruebo que sea lo fuerte que sea, use las tácticas que use,…, el dolor consigue sortearlo todo para burlarse de mí, de vez en cuando. Eso sí, me reharé como hago siempre, que no se piense que tiene la última palabra.

 

Por fín, puerto

Después de una larga travesía, en la que el miedo a haber perdido el rumbo amenazó alguna vez, puedo decir que he llegado al puerto previsto. No obstante, el verdadero viaje empieza ahora, esta travesía sólo ha sido una prueba, una dura prueba.

La sensación de estar perdida, a la deriva, en ocasiones me asediaba. Llegué a pensar que, aunque empecé la aventura con la máxima confianza en mí, me había equivocado. Después, las condiciones no fueron nunca favorables: galernas, tormentas, marejadas y asaltos de otros buques,… Eso sí, a pesar de todo, nunca dejé de mirar hacia la Estrella del Norte, ni mapas, ni rutas, ni brújulas, ni mi valía como timonel eran fiables, pero si me fijaba en ella, si no la perdía de vista… habría una esperanza.

Y sí, ella no me falló, mi determinación y no darme nunca por vencida hizo el resto. Hoy he llegado a puerto, he conseguido mi objetivo prioritario y ahora sólo me queda echarme otra vez a la mar, en busca de mi Ítaca.

Iré compartiendo mi diario de Bitácoras.