La estrategia

Sonó el despertador, un nuevo día se abría paso. Saltó de la cama, comenzaba la semana de clases y la vería. Le había llamado la atención el primer día del curso,  sin embargo, no fue hasta que se dirigió a él para preguntarle algo cuando cayó rendido a sus ojos. El color, el brillo, la alegría que desprendían,… “Algún día será mía”.

La divisó con su mejor amiga a unos diez metros de él, hoy le llevaban ventaja pero no iba a correr para alcanzarlas. Podría ponerse en evidencia y esa no era su forma de actuar. Además, la semana anterior había sido incapaz de hablarle durante las prácticas. Por suerte, estaban en el mismo grupo. Cierto es que la había visto deshacerse en risas con el pánfilo ese del que todos decían que era un guaperas y el chico no parecía nada incómodo… pero se la ganaría él.

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Mientes

jaque

Mientes, lo sabes. Mientes, lo sé.

Estudiaste tu disfraz de caballero galante, pero fallaste. Tus palabras son hermosas, pero tu sonrisa es cínica. Se adivina tu ferocidad en el brillo de tus ojos. Tratas de distraer la atención, con flores, con cumplidos, con dulces frases al oído. Te conozco, te he descubierto, tapas tus faltas y despistes con halagos. Con medida sibilina cargas las culpas en mi, soy yo la reticente, la que no se fía, la que duda de todo y no dudas en mostrarte ofendido.

Tú, sólo tú lo haces todo perfecto. Todo por mi, por un nosotros… Pero mientes, sólo soy tu trofeo, el premio a tu trabajo agotador. El perfecto trofeo para un lobo disfrazado de cordero. Pensabas que la corderita era dócil, pero diste con la que nunca sigue al rebaño. No me trago tus halagos, no quiero tus piropos ni tus flores, ni tus excusas cuando sabes que haces mal pero no lo quieres reconocer. Sabes que no soy una más y eso te amarga, nunca diste con una corderilla tan empecinada.

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