Incoherencia

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Estando cerca, nos sentíamos lejos. Estando lejos, nos necesitábamos cerca. Nos moríamos por hablar si no nos veíamos. Nos quedamos sin palabras al encontrarnos frente a frente. ¿Qué clase de incoherentes enamorados éramos? ¿éramos o somos? ¿somos o seremos?.

Yo no tengo claro nada, dudo que lo tengas claro tú. Sólo sé que no te olvido, que te extraño por momentos, que sonrío por nuestras calles, que miro con melancolía nuestros lugares. Sólo sé que te presiento, que te intuyo, que te leo,…, y, al mismo tiempo, me desconciertas, me despistas, me sorprendes.

Sólo sé que no sé nada salvo que tú eres parte de mi todo. Sólo sé que maldigo al destino por separarnos, pero lo adoro por cruzar nuestros caminos. Dos locos corazones sincronizados en caminantes sin compás. Entre el limbo de la ilusión y la certeza de lo verdadero. Un sinsentido con sentido.

Incertidumbre

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Está delante del ordenador, no puede escribir. El temblor de su mano derecha va en aumento, dentro de poco será el brazo y no podrá pasar desapercibido. Se levanta y encamina hacia el servicio, tiene que ir con una postura algo forzada pero confía en que nadie se de cuenta.

Se mira en el espejo, sus ojos van hacia su brazo y piensa en lo cercanos que van siendo los ataques. En unos días empieza con las pruebas médicas y espera que tenga solución. Su ánimo también está cambiando, hace tiempo que lo nota y lo pagan los demás. Otros días, simplemente, no tiene fuerzas para levantar el brazo o dar un paso y no puede con la incertidumbre.

Se le pasa el temblor, aprovecha para refrescarse un poco y colocarse bien la corbata. Llega a su escritorio y saca la libreta del cajón. Anota “2 de febrero: tercer ataque de temblor en la parte derecha. 11:30-11:45”. La lista va en aumento, mejor no pensar.

Acabada la jornada y tras ir un rato por casa, llega al hospital para la guardia. Han dejado levantar a su padre y éste está radiante, orgulloso de su avance. No obstante, él no va a dejarlo sólo. Cuándo se apagan las luces, se tumba en el incómodo sillón y coge la libreta. Abre por las primeras páginas y lee “26 de junio: debilidad en las piernas y temblor. Finjo mareo por el Sol para volver al hotel”.

Recuerda ese día, su último día de vacaciones ese mismo verano. Había pensado pasar toda la mañana en Parc Samá, como ya hicieran hace unos años, y la tarde en Tarragona. Él era un enamorado de la zona y le había contagiado ese amor a Ella. Pero no hubo manera, ese día fue clave para la decisión que tomaría meses después.

Enciende el ordenador y busca en los archivos, ahí están. Empieza a ver todas las fotos de aquellos días… “está tan feliz”… Su mente ya no está en el hospital, sino en Parc Samá con Ella… Ellos

Tras la lluvia

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Recuerda, detrás de la tormenta siempre vuelve a salir el Sol”. No duda que sea verdad, de hecho, sabe que es verdad pero ve al Sol muy lejano. Se había marchado al verla. Había sido un impulso idiota haber vuelto allí, dónde sabía que podría encontrarse con Él. Ahora, tenía que enfrentarse a la dura realidad, se había acabado todo.

No se veía capaz de hacer su vida y poder encontrárselo en cualquier calle, al tomar cualquier esquina. No se veía capaz de volver a sus sitios: sus cafeterías, sus parques,… Necesitaba poner tierra de por medio. “¿Qué me retiene aquí?” Podía pedir un traslado en el trabajo, tenía algún ahorro para volver a matricularse en aquella carrera que dejó en ‘stand by’. Aquella no era su ciudad, estaba sola.

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Nubes y claros

Dice que todo está bien, que lo que quiere es verte feliz. ¿Cómo sin estar en tu vida? Cuando se es el rayo de luz que se cuela entre las nubes de sus días, la responsabilidad es máxima y tu presencia necesaria. Ya pudiera haber tormenta, ventisca,…, que contaba con ese rayito de luz y calor para sobrellevarlos.

Tal vez fuese por verte desbordado, tal vez por verte pequeño entre tanta nube, pero decidiste apagarte, confiabas en que su cielo se despejara y sólo tuviera días cálidos sin ser sólo la causa un simple rayito de esperanza.

Ahora disfruta de un gran claro, las nubes son blancas y pasajeras; no hay nubes negras, ni cielos encapotados… pero sigue echando de menos ese rayo de luz que eras Tú.”