El mundo de las tallas

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Voy a salirme algo del misticismo de mi Musa, como ya he hecho para alguna entrada de “Cajón Desastre”, para tratar uno de los temas que me tocan la moral. Vale, hay muchos pero como no voy a entrar ni en religión, política, aborto, emigración, etc. Me decanto por los “tocamoral” de andar por casa.

Hoy, en concreto, el fascinante mundo de las tallas, porque mucho ruido con el tallaje por arriba y que aún no llega a cumplir expectativas; pero también hay problemas con los tallajes pequeños y lo están empeorando.

Hace muy poquito, por Twitter me topé con una foto. Era de un hombre con un cartel en la mano que rezaba “la talla 38 me aprieta el chocho”. Sí, no sé qué es más lamentable: que sea una foto de un tío o el mensaje en sí. Por esas fechas, en una revista leí que una conocida marca textil española va a hacer que haya tallas de la 42-54 durante la temporada de primavera-verano’14. Esto último me parece muy bien para que todas podamos tener la oportunidad de lucir lo mismo, pero me parecería genial si las de talla mínima también pudiéramos. Aunque lanzan el mensaje negativo que si pasas de la 42 ya no eres “clienta potencial” suya, cuando las mujeres no tienen que recibir ese mensaje tan negativo y de presión. La publicidad y los artículos que vi después me parecieron insultantes.

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Tiempo de Arena

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Os presento mi última lectura de mayo: “Tiempo de arena” de Inma Chacón. Un título que ha tardado en pasar por mis manos, pues fue finalista del premio Planeta de 2011, y que os recomiendo. No cae en exceso de narrativa, la acción tiene un buen ritmo y se lee con facilidad. A mí me enganchó y me duró muy poquito.

Conocemos a la familia del Marqués de Sotoñal. Familia que regresa a España desde Filipinas, donde los disturbios y las batallas por su Independencia están en pleno apogeo. Mariana, la heredera, volverá a su palacio en Toledo junto a su hija Xisca y a su hermana pequeña, Alejandra; mientras que la mediana, Esclaramunda, vivirá entre su cigarral lindante con el palacio y la capital española.

Las dos mayores viven enfrentadas desde pequeñas pues, mientras que Mariana fue educada para heredar el marquesado, Esclaramunda siempre fue la preferida del Marqués, quien la introduce en el mundo masón. La hermana menor, Alejandra, intentará durante toda su vida que las relaciones familiares no sean tan tensas.

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De corazón (personal)

¿Por qué nos aferramos a lo que  nos hace daño? ¿Por qué somos tan autodestructivos? ¿Por qué teñimos nuestra realidad con tonos grises cuando estamos rodeados de color?

Ya escribí hace tiempo sobre los “débiles cotidianos” y esta entrada está muy relacionada. Estoy empezando a cansarme de ver cómo un día tras otro, hora tras hora, alguien de mi alrededor tiene una mirada triste y no es capaz de valorar lo que tiene. Me dan ganas de gritarles, de zarandearles para hacerlos reaccionar. El ser humano acepta la crítica destructiva a la primera y sólo una es capaz de acabar con miles de críticas constructivas. Es nuestra naturaleza pero no nos tiene que marcar el día a día, podemos hacer cambios y tener una visión más positiva de todo.

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Picajosa

picajosaSi, estoy picajosa y mucho.

Sé que no es mi estado habitual y que para salte hace falta mucho, pero hoy me debe haber pillado todo a contrapie.

Hay muchas cosas que me sacan de quicio, temas serios y de actualidad sobre los que me pronuncio en petit comité y otras cosas, más banales, que me pueden precisamente por ser tan de poco sentido común. No soy perfecta, ¡ni mucho menos!, ni soy quién para dar lecciones o imponer mi criterio, me limito a dar mi opinión y darle voz a lo que da vueltas por mi loca cabeza.

Hace unas horas, estuve tentada de redactar una Megaentrada con todo lo que me parece frívolo, tonto o, sencillamente, triste por la avalancha empalagosa de San Valentín. Después, me calmé un poco pero… como que tengo cuerpo de post. No tengo nada en contra de San Valen, quién me parece que hacía una labor preciosa siglos atrás y pagó un alto precio. Esto es parecido a lo de la Navidad, el objeto y objetivo de la celebración se pierde, la frivolizamos y, también, miramos mal a quienes no siguen la moda “cargándose el espíritu”. Y no sólo la fiesta y su almíbar es lo que me puede sino ciertos tópicos que atribuimos al amor y que no son ciertos, que nos llevan a repetir patrones, desencantos, esperas,…, y lo asimilamos como si fuese natural, un dictado divino que no se puede cuestionar.

¿Por dónde empezar? Uff, debería hacer una lista y desarrollar. Pero como no quiero dar la brasa, intentaré resaltar mi punto de vista o lo que me parece más sangrante.

Primero, estar enamorado de alguien es genial. Tanto cuando no sabes si te corresponde o no, como cuando constatas que sí eres correspondido y como sigues estando así a lo largo de la relación con sus baches (sobre todo al principio) y sus momentos mágicos. El sentirte como en la primera cita aún cuando han pasado años, o ponerte nervioso esperando un sms, una llamada o un e-mail cuando sabes de sobra que vuestra relación está más que consolidada. Y, bueno, eso sin hablar de algo tan básico como “aceptar vuestros defectos” como parte natural de lo que te gusta de tu pareja; si hay algo que aborreces y quieres que cambie de raíz, me da que es mejor cambiar de pareja. Lo ideal es que nos vayamos adaptando sin forzar las cosas y no querer cambiarle al otro hasta el chasis. ¡No, hija, no! que diría Antonio Ozores.

Pero, aunque estarlo es genial, hay muchas veces que tenemos una base errada de lo que se supone que es estar enamorado o lo que es natural. Primero, hay algo que me puede y es cuando dicen “me di cuenta de que mis sentimientos hacia fulanito cambiaban porque me trataba como una reina y bla bla bla”. Lo siento, a mí o me mueves el piso desde el minuto uno o no me ganas con palabrerías, esto no es conseguir puntos o que te ganen a detalles propios del demente Romeo. Y lo digo porque hay mucho, pero mucho lobo disfrazado de cordero, depredadores que esperan lo que haga falta para hacerse con su presa y, como no, despedazarte una vez que te “consiguen”. Y sí, lo digo con conocimiento de causa. No me fío de palabras, sino de hechos. Muchos me dicen que tengo un gran caparazón. No, tengo una doble muralla con doble foso, cocodrilos y arqueros con flechas incendiarias y mis amigos me lo habréis oído miles de veces. Lo reconozco, me he vuelto muy dura pero, con tanta muralla de por medio, hay quien ha conseguido conquistarme sin que ningún guardia se de cuenta. ¿Cómo? Sólo quién lo logra, lo sabe.

Otra cosa, “quien bien te quiere, te hará llorar”. Disiento, quién más me ha hecho llorar no me quería, era egoísta y, en el amor, el egoísmo no funciona. Ese es otro fallo, tendemos a cortar las alas del otro, a cercarlo, transformarlo más parecido a nosotros o, simplemente, atarlo para que no se escape y es lo peor que puedes hacer. Eso es no respetar al otro, no confiar en la otra persona,…, obligar a alguien a estar contigo, a que se sacrifique por ti es egoísta y cruel. Todos tendréis el amigo (chico o chica) que desaparece cuando tiene pareja, que borra a sus amigos por celos de la otra persona,…, eso es muy triste. El amor no debe ser egoísta sino que debes mejorar la vida del otro y mirar por su felicidad, la felicidad y lo mejor para los dos. Además, no entiendo a quienes no pueden ver a sus ex parejas con otra persona; no es plato de gusto pero si dices seguir queriendo  (en el sentido de no tener rencor) a tu ex, le desearás lo mejor aunque tú no seas quién pueda dárselo, ¿no?.

Y bueno, uniendo las dos cosas: no soporto a los que hacen algo por ti, aunque a ti te repateé sólo para demostrarte que lo hacen porque están por ti. Eso es ser egoísta pero con mayúsculas, si te digo que no me gustas por mucho que me cortejes y tengas detalles conmigo ¡no me vas a gustar!. Si te prometes darme los buenos días todas las mañanas para que vea que piensas en mí, a la tercera mañana verás que mi teléfono está apagado porque no quiero tus buenos días. Y si te digo que no me hagas piropos porque me violentan y de ti no quiero oírlos, ¡no los hagas!. Que hay mucho sordo cuando no le interesa. ¡Ah! y cuando decimos “No”, es un “No” como bien dije esta mañana por el Twitter; nada de psicología inversa, las cosas claras.

Si todo es más sencillo de lo que lo hacemos, en serio. Ni somos piezas de puzzle, ni princesas ni caballeros, ni juglares bobos cantando loas acompañados con un laúd. Ni nosotras tenemos que estar sufriendo porque el chico que nos gusta nos mira o no, ni vosotros tenéis que ser siempre los que deis el primer paso,…, tanto tecnicismo me mata. Además, una cosa… he tratado con algún que otro caballero: mucho abrir la puerta, mucho detallito, muchas alabanzas,… y luego, puertas para adentro, he descubierto a un puñetero celoso, dependiente e inútil, incapaz de ayudar ni a su madre con la compra, al que tienes que aceptar como lo conociste porque ni va a molestarse en adaptarse a ti. Y, oye, ni tanto ni tan calvo.

Que lo dicho, que estoy picajosa y me sobrepasa el sobreesfuerzo, el amor sufriente y el dicho amor platónico que se sacaron unos siglos ha de la manga. Nadie dice que sea fácil, pero es menos complicado de lo que lo hacemos.

Fin de chapa, gracias por la paciencia.

Cuentos químicos

pitufoseguridad

Como algunos ya sabéis, el lunes 3 publiqué una entrada en el blog de Enrique F. Borja, alias “Cuentos Cuánticos”. Y no será la única, pues ya hay varias entradas en marcha.

Comencé con un repaso por la seguridad en el laboratorio pero, en las próximas, me centraré en algunos principios activos y técnicas de análisis. No obstante, eso no quita que inaugure mi “visión científica” para cosas curiosas o llamativas que, con posterioridad, sí pudieran dar para una entrada más en profundidad en cuentos cuánticos.

Espero poder compartir tanto mi parte literaria como mi parte científica y analítica con vosotros y que os gusten por igual. Gracias por estar ahí y, también, dejarme que aprenda con muchos de vuestros blogs.

¡Que la magia de la Musa no os abandone!