Pulgarñajo

Recordemos el cuento de Pulgarcito, tal y como viene en el Volumen 1 de los Miniclásicos:

En una vieja casita perdida en medio de un bosque, vivían un leñador y su esposa, que tenían 7 hijos. Pulgarcito, el más pequeño de todos, oyó un día como sus padres decía:

-“No podemos mantener a nuestros hijos. Les abandonaremos en el bosque.”

(Perdona, ¿qué clase de padres sois? ya sólo os falta pensar en acachinarlos cuales conejos)

Los padres de Pulgarcito hicieron lo que habían pensado (Ésto… una cosa… ¿por qué Pulgarcito no lo dijo a sus hermanos? 7 críos con pataleta son quasi-invencibles)

No temáis, hermanitos -dijo el pequeño-. He dejado caer estas piedrecitas blancas y podremos encontrar el camino para volver a nuestra casa.

Los 7 hermanos siguieron el rastro de las piedras y no tardaron en llegar a la puerta de su casa:

-¡Hijos míos! – gritó la madre, llena de alegría, pues ya estaba arrepentida de haberlos abandonado.

(Capaz, y por eso no se le vio ni la intención de ir a buscarlos, ni de contarle a sus hijos que eran demasiado pobres… Chica, los mandas por ahí a trabajar, que en el mundo de los cuentos no falta demanda de aprendices).

Pero, al cabo de unos días, la necesidad y el hambre obligaron al matrimonio de leñadores a abandonar de nuevo a sus hijos. (Podrían haber pensado como los de Viven y comerse al más débil. Total, ¿para qué los quieren?)

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Clásicos bajo lupa

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Una pequeña joya que tengo de mi infancia es la colección de los Miniclásicos. Era una colección de 12 libros que recogían 8-9 cuentos clásicos cada uno. ¿Alguno de vosotros los tenéis?

Yo los conservo desde entonces y, a mano, pues siempre hay algún peque en el vecindario, el bloque o que pasa por casa al ser hijos de conocidos, etc. Además, mi abuelo se los leyó a los 80 años puesto que nadie se los había contado a él.

¿Todo ésto a qué viene? Pues veréis, después de Año Nuevo fui unos días al pueblo y retomé un cuento loco (que posiblemente vaya poniendo por aquí en la sección “idas de pinza”). Mi vecinita (protagonista de “me espero”) se pasa siempre por casa a “jugar” conmigo, hacer galletas, magdalenas, pintar piedras,…, y todo lo que se me ocurra para entretener a un rabo de lagartija como ella. Uno de esos días, le leí mi alocado cuento…

“Este cuento no es para niños” -me dijo- “pero es muy divertido, te ayudo y tú me ayudas con otro para mí”.

Y así fue como ella, después de ayudarme con la 3ª parte, decidió hacer uno ambientado en Arabia. Cómo tenía los cuentos algo oxidados, vi el cielo abierto con mi colección y rebuscamos. Entre todos, encontramos como 5 o 6. Uno, por cierto, que transcurre en Granada y más que cuento es leyenda.

Como sé que se distrae con nada, le dije que me los leería yo, cogería nombres y lo más destacado y así le hacía un pequeño esquema para que comenzase al día siguiente. Y como una es tan de leer todo lo que pilla pues… ¡a leer todos que me puse! con mi visión ya adulta.

Y sí, desde nuestro punto de vista actual, los cuentos no son lo que nos parecieron. Sé que más de uno los ha analizado, incluso hay algún monólogo sobre los clásicos y las series de dibujos pero es algo ¡irresistible!. Por tanto, declaro abierta la categoría “Clásicos bajo lupa” con los cuentos y mis “objetivos comentarios” (y los vuestros, claro)