Frustración

frustración

No se me ocurre una palabra mejor para expresar lo que siento desde hace unas semanas. Una absoluta frustración que se que debo quitarme de encima a la de ya.

Normalmente, el escribir es el mecanismo que mejor me va para ello. Vuelcas todo lo que se te pasa por la cabeza a golpe de tecla o trazo de bolígrafo y todo se relativiza. No obstante, llevo unas semanas en las que ni pasarme por aquí me apetece. Digo que de ánimo estoy bien pero no es verdad, si estuviera bien de ánimo, a pesar de los dolores, estaría por aquí y por Cuentos; pero no lo estoy.

Hace unos meses, un mes después de escribir ésto, logré (no sin muchas peleas y mucha decepción con la mutua -me negaban que tuvieran “unidad del dolor” y, por tanto, el tratamiento que uno de sus doctores me había prescrito-) que me bloquearan la sacroilíaca y, tras 3 días de no aguantar por la presión del anestésico en ella, noté que los dolores localizados allí desaparecían. Seguí con mis contracturas musculares, mis dolores en piernas, caja torácica e, incluso, falanges; pero conseguía estar sentada y aguantar a caminar. Logré no caer rendida con la fatiga que me acosa y aproveché para recopilar información para futuros posts por Cuentos, así como relajarme y osar plantearme el hacer algo más que “estar condenada a mi sofá”.

Sigue leyendo

De complejos, adolescencia y Renée

Desde que nos encontramos con las imágenes de una desconocida Renée Zellwegger, tuve claro que quería hablar de éste tema. Sin embargo, lo he ido dejando en borradores y creo que ya es hora de que vea la luz.

Como os decía de Renée, su transformación ha sido tal con eliminarse las bolsas superiores de sus ojos y afinar su mandíbula, más el uso del bótox en la frente, que no queda nada de nuestra adorada Roxy (Chicago), Bridget Jones o la desdolida Ruby (Cold Mountain).

Como habréis leído, ella dice estar encantada de que la gente la vea diferente. No es que se le vea diferente, es que es diferente. Lo que más me desconcierta es su pérdida de expresión de ojos, está comprobado que la mirada contribuye enormemente a nuestra identidad. Sus palabras han sido:

“Mis amigos dicen que estoy en paz. En forma. Durante mucho tiempo, me descuidé demasiado. Tenía un horario que no era realista, ni sostenible. En lugar de detenerme a calibrar mi vida, seguí corriendo hasta que me agoté, y tomé malas decisiones acerca de cómo ocultar este agotamiento. Pero era consciente del caos. Y, finalmente, tomé otra dirección. Hice el trabajo que me permite ser yo misma, formar un hogar, amar a alguien, aprender cosas nuevas y seguir creciendo como persona. La gente no me conoce desde que cumplí 40 años”.

Y yo me pregunto, ¿estará tan encantada realmente o es pose de cara a la galería? ¿Os imagináis someteros a un retoque estético y no reconoceros en el espejo? La sensación debe ser vertiginosa porque llevas años conviviendo con tu imagen, te agrade o no, viendo como la adolescencia o nos convierte en unos pimpollos o en “feos”, asimilando como con la juventud y la madurez, esos rasgos vuelven a la normalidad y se afinan.

Sigue leyendo

Reflexionando

dudagorjuss

Llevo varios días dándole vueltas a un posible post sobre la amistad y las relaciones personales, en general. Pero no sé cómo plantearlo, así de simple. Por más vueltas que le doy, más ejemplos y vivencias que busco,…, sólo me lleva a la sensación de no saber explicarme.

Tal vez, lo mejor no sea hablar y dar un discurso memorable sobre ello, sino preguntarse (cuando una no tiene la verdad absoluta y nada en las relaciones personales es extrapolable). Y sí, estoy convencida, a día de hoy, de que no podemos generalizar, no podemos afirmar que la amistad es así o asá. Si ya cada uno somos un mundo ¿cómo no va a ser otro una relación en la que estamos implicados dos individuos?

Muchas veces dicen “un amigo es alguien con quien se puede hablar de todo”. Error, depende del amigo. El que seamos amigos no elimina el tabú. ¿No? ¿No os pasa que hay gente con la que no puedes hablar de determinados temas? Y eso no quita que sea más amigo o no ¿o sí?. Al menos, a título personal puedo afirmar que tengo amigos con los que hay temas que no se tocan y no porque lo tengamos prohibido, sino porque hay señales que te indican que no estáis en zona de confort si lo hacéis.

Sigue leyendo

Volver a ser tú

Fallen_by_gorjuss

Hace unos años encontré dos fotos mías de la primera vez que fui a Barcelona y al pueblo donde nací y viví el primer año de mi vida. Recuerdo que aquel viaje era especial porque conocería los lugares por los que gran parte de mi familia pasaban casi a diario, dónde trabajan mis padres, dónde se conocieron,… Además, antes de ir a Barcelona iríamos al pueblo de Tarragona en el que, desde entonces, veranearía casi cada año, vería el mar, la entrada de los barcos pesqueros antes del toque de queda, cómo trabajaban los marineros,… Al ver las fotos, recordé. En aquellos días, era una niña despreocupada, risueña, vergonzosa hasta que analizaba al personal y con una curiosidad que, a día de hoy, permanece.

Pero, al mirar las fotografías, no me reconocí. No digo físicamente, sino un paso más allá. En las fotos estoy cegada por el sol mirando a cámara. En una, con un ojo guiñado, sonrisa ladeada y pícara y un mechón rebelde cruzándome el rostro; en la otra, tengo los ojos abiertos y brillantes y esa sonrisa sin separar los labios entre timidez y diversión. Me di cuenta de que hacía mucho que no sonreía así, que mis ojos no brillaban,… Me había vuelto triste, más retraída, huyendo siempre de las cámaras, de las miradas de los demás, ya no era espontánea, ni mucho menos risueña. Fue como una bofetada de realidad, ¿quién era la que sostenía esas fotos?.

Sigue leyendo

Cicatrices

cicatriz

Hace unos días, leí una frase: “No hay nada que cause más dolor que una cicatriz emocional”. ¿En serio? ¿Cuántos os habéis parado a pensar en ésto? ¿Puede una cicatriz ser un gran impedimento?

Sabemos que las cicatrices corporales, las que se ven a simple vista, son duras de asimilar. Hay gente que nunca lo supera y/o recurre a la estética para borrarlas. Otros, simplemente, se avergüenzan de ellas y se esconden hasta de su reflejo en el espejo. Y luego están los que las muestran con orgullo, como símbolo de una lucha ganada y están dispuestos a contar “su historia” a quién le de la importancia justa o ninguna. Sólo la percepción y el punto del vista de quién las lleva en su piel son capaces de gestionarlas.

Pero, ¿y las emocionales? ¿Las que no se ven? Ciertamente, son paralizantes. La herida que las precede suele ser de dimensiones catastróficas, llegando a anular al individuo y que sienta que ese dolor nunca pasará. La herida va sanando con el paso del tiempo, emocional o física, siempre pasa. Pero… la cicatriz queda, como un grabado a fuego entre nuestra marabunta de neuronas, formando un nuevo nudo que no se deshace y que cambia nuestro comportamiento, tanto con nosotros mismos como con los demás.

¿Puede llegar una cicatriz emocional a paralizarnos y convertirnos en alguien distinto a quién éramos? Sin duda. ¿Podemos dejar de verlo como algo negativo, cargado de malas experiencias y culpabilidad hacía quién nos lo originó y hacía nosotros mismos? Sin duda, también. Con esfuerzo y mucho amor propio; con objetividad para situarla en el tiempo, en la linea temporal de nuestro YO, de nuestra vida.

Nada ni nadie debería causarnos tanto daño como para dejar que esa cicatriz nos acompañe, en negativo, el resto de la vida. Hay que elaborarlo, darle vueltas, aprender de lo pasado, saber que nada volverá a pasar igual, que cada experiencia nueva es eso ¡nueva!, ¡llena de posibilidades!. Esa cicatriz no sirve para que te acobardes, sino para que sepas leer las señales, para que tengas la seguridad de que no volverá a repetirse. Esa cicatriz duele y pesa, “pica” con los cambios en tu hoy; pero también es la puerta hacia la libertad en tu futuro. Esa cicatriz es imborrable pero poderosa, para bien, si tú te lo propones.

Todos tenemos cicatrices, todos sufrimos y decidimos “aprender” o no. Sólo depende de nosotros mismos el que la balanza se incline hacia un lado u otro. Pensadlo